Argentina: revolución en proceso

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En diciembre, los banqueros de todo el mundo observaban aterrorizados cómo argentinos furiosos forzaban a cuatro presidentes a renunciar en un lapso de sólo dos semanas.

Pero esta explosión no fue un suceso que ocurrió de la noche a la mañana; fue una respuesta inevitable a décadas de despojo que llevó a la nación más próspera de América Latina al borde de la ruina.

Ahora, a través de la intervención de trabajadores, de los desocupados, pequeños granjeros, jubilados, estudiantes y dueños de tiendas, Argentina se encuentra al borde de la revolución.

Prosperidad para los banqueros, desastre para la mayoría. Comenzando en los años 70, los bancos occidentales prestaron grandes cantidades de dinero a las naciones en desarrollo con una gran necesidad de capital.

Cuando países como Argentina fueron incapaces de pagar sus deudas, el Fondo Monetario Internacional dominado por los Estados Unidos intervino enseguida. Las re-negociaciones de los préstamos por parte del FMI, con tasas de interés al estilo gángster, hizo más pronunciada la viciosa espiral de la deuda.

Además, como condición a su “ayuda”, el FMI exigió la adopción de extremos “programas de ajuste estructural”. En Argentina, el Gobierno disminuyó los servicios sociales, arrasó con las pensiones, anuló la seguridad social, y privatizó las industrias estatales.

En 1991 Argentina fijó su peso al dólar de los Estados Unidos con una tasa de cambio de un peso por dólar. Los objetivos eran frenar una super-inflación y promover un aumento en las inversiones y préstamos extranjeros.

Pero esta acción dañó seriamente la economía de las exportaciones del país pues incrementó los precios de las mercancías argentinas mucho más que las de sus competidores, y el lento crecimiento económico en los países más ricos del mundo empeoró el problema reduciendo los mercados para las exportaciones.

Las compañías argentinas se fueron a la bancarrota; se anularon las leyes de protección laboral y se desregularon las empresas. Desaparecieron los empleos; se redujeron los salarios, y los precios e impuestos se incrementaron. Se multiplicaron la pobreza y las villas miseria. Hoy día, la Argentina se encuentra en su cuarto año de recesión; la tasa real de desempleo es del 40 al 50 por ciento; y la deuda externa es de $150,000 millones aproximadamente.

El presidente actual, Eduardo Duhalde, ha desfijado el peso del dólar y lo ha devaluado, pero esto sólo causará inflación y disminuirá a la mitad el valor de lo que el pueblo tiene ahorrado en pesos y al mismo tiempo duplicará las deudas que tienen en dólares.

La resistencia aumenta a un nivel sostenido. Los trabajadores desocupados conocidos como piqueteros – sindicalistas despedidos, gente joven e inmigrantes desocupados e indígenas cuyas tierras han sido destruidas – prepararon el camino para las rebeliones de diciembre. Durante muchos años, los piqueteros han estado protestando con bloqueos bien organizados en carreteras.

Los sindicalistas de masas, mientras tanto, han forzado a los líderes conservadores del trabajo a realizar ocho huelgas generales de un día durante los dos años pasados. Algunos están organizando ahora comités en su trabajo y participan en asambleas populares de los barrios, las cuales se celebran en la mayor parte de Buenos Aires y se están expandiendo por todo el país. Y por primera vez, muchos sindicalistas están abandonando su lealtad a los peronistas – el supuesto partido de los trabajadores, similar a los demócratas de los Estados Unidos.

Para los oficinistas, profesionales y pequeños empresarios, la gota que derramó el vaso fue que el Gobierno limitara los retiros bancarios y congelara las cuentas de ahorros, después las grandes impresas ya habían trasladado $20,000 millones a bancos extranjeros.

De esta forma, el 19 de diciembre, cuando miles de personas extremadamente pobres comenzaron a saquear supermercados en todo el país, encendieron una chispa. Después de que el Gobierno declarara el estado de sitio esa noche, a esos primeros miles de personas se les unieron cientos de miles más en las calles.

Y, a pesar de la fuerte represión gubernamental, la revuelta continúa desarrollándose. Se están realizando protestas, ocupando fábricas, organizando huelgas, cerrando caminos. Los participantes informan que las trabajadoras están involucradas en todos los aspectos de la rebelión, y en algunos barrios las mujeres están celebrando asambleas diarias por sí solas.

Uno de los desarrollos más prometedores fue la primera Asamblea Nacional de Trabajadores (Ocupados y Desocupados) a mediados de febrero, la cual reunió a dos mil delegados electos de asambleas populares, sindicatos y otras organizaciones de trabajadores ocupados y desocupados. ¡Se adoptó un plan de lucha para la acción y un programa revolucionario que llama a la liberación de prisioneros políticos, el repudio a la deuda externa, la nacionalización de los bancos y compañías más importantes, la creación de empleos reduciendo la jornada de trabajo sin reducción de salario, la expulsión de Duhalde y del FMI, y la institución de un gobierno de los trabajadores! La segunda Asamblea Nacional de Trabajadores se celebrará el 2 de abril.

La Izquierda argentina: en movimiento rápido. Las perspectivas para una revolución en Argentina son altas. La clase trabajadora está organizada y poderosa, además de que cuenta con la experiencia de haber experimentado y de estar insatisfecha con casi todas las formas de regímenes capitalistas, desde el populismo peronista hasta la dictadura militar. Es claro que el pueblo está preparado para considerar una alternativa radical.

Argentina también cuenta con un fuerte pasado trotskista – el movimiento que se opuso a Stalin y a la burocratización de la antigua URSS y que defiende el socialismo democrático mundial. A medida que el fuego se propaga en Argentina, varios grupos trotskistas distintos se encuentran hoy involucrados de forma cooperativa en las calles y asambleas y en los sindicatos laborales. Ojalá continúen expandiendo su colaboración.

Los emocionantes sucesos de Argentina han puesto la cuestión del liderazgo y estrategia revolucionarios en primera plana. A nivel internacional, existe un gran debate acerca de uno de estos asuntos, la cuestión de una asamblea constituyente que propone la mayoría de los trotskistas argentinos.

Tradicionalmente, una asamblea constituyente es un parlamento electo en una estructura capitalista. Sin embargo, no es claro si eso es lo que las organizaciones tales como el Partido Obrero, el Partido de Trabajadores por el Socialismo y el Movimiento Socialista de los Trabajadores tienen en mente al utilizar dicho término.

Si lo que quieren decir los camaradas argentinos con “asamblea constituyente” es un parlamento electo en el que participarían los partidos capitalistas, entonces Argentina ya la tiene. Lo que se necesita es un congreso nacional de trabajadores que incluya representantes de todos los grupos oprimidos pero que excluya de forma explícita a los políticos capitalistas. ¡El fuerte clamor popular de “Que se vayan todos” sugiere que los trabajadores argentinos no podrían estar más de acuerdo!

Como quiera que se llame, tal cuerpo estaría constituido por delegados electos de consejos, o soviets como se les llamaba durante la Revolución rusa, organizados por los trabajadores de las masas y militantes populares de las ciudades, provincias y a nivel nacional. Ya existen los brotes de esos soviets en Argentina en las asambleas en el lugar de trabajo y en las asambleas en los barrios. Y a medida que crezca el movimiento, dichos consejos tendrán que entrenar a grupos armados para defenderse de la policía, pandillas fascistas y matones de los patrones.

Algunos grupos de izquierda en Europa y los EE.UU. apoyan el llamado en pro de una asamblea constitucional. Otros, tal como Socialist Appeal de Gran Bretaña, arguyen de forma convincente que esta demanda es obsoleta en Argentina hoy día. La Spartacist League también asume esta postura, mientras que, como era de esperarse, tilda a todos los demás grupos de “falsos izquierdistas”. El Socialist Workers Party de los EE.UU. también se opone a dicha demanda pero la caracteriza como de “ultraizquierdista”.

Sin embargo, un importante factor de consenso entre los grupos de Izquierda es la necesidad de desarrollar un partido revolucionario de masas en Argentina, el cual ejerza presión para la toma real del poder por parte de los trabajadores. Los soviets de trabajadores y los oprimidos pondrían a prueba a los partidos de Izquierda que compitieran por el liderazgo y le proporcionarían al pueblo la oportunidad de juzgarlos por sus actos.

La solidaridad internacional: la llave del éxito. Argentina no es una isla en absoluto ni en cuanto a su crisis ni a su promesa revolucionaria.

Los explotadores y opresores de Argentina son los enemigos de los trabajadores en todos sitios – una cuestión que se tiene en cuenta en el movimiento por la justicia mundial al denunciar y frustrar la actividad de los conspiradores del “libre comercio” de todo el mundo. Nosotros, quienes vivimos en los Estados Unidos imperialistas, tenemos la responsabilidad única de exigir la anulación de la deuda externa que deben los países pobres y poscoloniales y que el Gobierno de los EE.UU. no intervenga en Argentina.

Estamos juntos en esta lucha. Si Argentina puede estar en la bancarrota, ningún país está seguro, y si los argentinos pueden encontrar la voluntad y los medios para comenzar una revolución, también lo podemos hacer todos los demás.

Los luchadores por la justicia en todos sitios felicitan a la gente valiente que está haciendo historia en las calles y en los trabajos de Argentina. Su lucha nos conmueve y nos inspira, y estamos con ustedes.

Por una Argentina de los trabajadores

Declaración a este periódico de Elena Florin del Partido Obrero, delegada de la Asamblea Nacional de Trabajadores

¡Viva la Asamblea Nacional de Trabajadores (Ocupados y Desocupados), su programa electo de manera unánime, el plan de lucha independiente y la unidad revolucionaria con las Asambleas Populares! ¡Por una Argentina de los trabajadores, no de los explotadores! Ahora en Argentina todos pueden ver la mortal crisis internacional. La necesidad extrema es de un programa y un partido que dirijan la lucha para expropiar a nuestros expropiadores eternos. ¡Por la creación de un partido revolucionario de los trabajadores! ¡Por la refundación de la Cuarta Internacional!

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