Costa Rica: apasionadas protestas contra TLCAC obligan al Presidente a cambiar de táctica

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Entre Costa Rica y EEUU se está dando una confrontación clásica como entre David y Goliat. Los costarricenses son el bastión solitario contra la resistencia a la ratificación del Tratado de Libre Comercio de América Central (TLCAC), el cual incluye cinco países de América Central, así como a la República Dominicana y a EEUU.

La administración de Bush ha hecho grandes esfuerzos por garantizar la aprobación final del TLCAC. Ha sobornado secretamente a los negociadores costarricenses del tratado, ha lanzado una campaña promocional de millones de dólares, y ha presionado a Costa Rica para que altere su constitución para que Óscar Arias, ganador del Premio Nóbel de la Paz en 1987, pudiera postularse para presidente una segunda vez sin precedentes para que defendiera los intereses de George Bush.

Si el pueblo de Costa Rica pudiera asestar un golpe a Bush mediante el rechazo de la agenda neoliberal, la fuerza destructora del libre comercio podría ser detenida finalmente y, en el mejor de los casos, anulada. Por lo tanto, los EEUU están exigiendo que Arias tome manos en el asunto — ¡ahora mismo!

Pero desde que los funcionarios costarricenses firmaron el acuerdo en 2004, un impresionante movimiento de masas ha peleado duro para impedir que la legislatura ratifique el pacto. Durante los últimos seis meses, sindicalistas, feministas, izquierdistas, ambientalistas, indígenas, pequeños campesinos, estudiantes y demás activistas han intensificado su oposición realizando huelgas masivas y protestas contra el acuerdo, incluyendo una manifestación de 80,000 personas el 26 de febrero de 2007, en San José.

La AFL-CIO entra en la lucha. En abril, durante el punto álgido de dicha lucha — precisamente cuando el Congreso de Costa Rica estaba considerando el voto acerca del TLCAC — las fuerzas de oposición recibieron un oportuno empujón de la mayor federación laboral de Estados Unidos. El presidente de la AFL-CIO, John Sweeney, envió una carta al presidente Arias en representación de los 10 millones de miembros de dicha federación en la que hacía un llamado en pro del rechazo del TLCAC y donde expresaba su solidaridad con “nuestros miles de hermanos y hermanas sindicalistas que siguen marchando en las calles alzando su voz en oposición al acuerdo”.

Los sindicatos del Estado de Washington fueron la inspiración para la carta. A petición de activistas laborales aliados con el Partido de Libertad Socialista (Freedom Socialist Party, o FSP), la Federación de Empleados del Estado de Washington (WFSE), Local 304, lanzaron una campaña de solidaridad contra el TLCAC. El llamado del WFSE fue apoyado por varias organizaciones laborales, incluyendo el consejo laboral estatal, y fue finalmente comunicado al AFL-CIO.

David Morera, secretario general del Sindicato de la Salud y la Seguridad Social y líder del Partido Revolucionario de las Trabajadoras y los Trabajadores (PRT) de Costa Rica, describió la carta de Sweeney como “una contribución extraordinaria a nuestra lucha contra el libre comercio”.

El referéndum presenta nuevos retos. La combinación del furor callejero y de la presión internacional pudo mermar los esfuerzos de Arias para que se aprobara el pacto en el Congreso — una victoria parcial para las fuerzas anti-TLCAC. Pero cuando se hizo obvio que estaba en peligro la ruta legislativa para la aprobación del acuerdo, el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) intervino y dictaminó que los ciudadanos podían someter el acuerdo al voto popular si recaudaban 130,000 firmas en nueve meses.

La decisión del tribunal es una maniobra calculada por los funcionarios para legitimar un tratado anticonstitucional y para mermar las protestas militantes en las calles contra el TLCAC y los trece proyectos de ley accesorios, requeridos por los EEUU, los cuales aún están pendientes de aprobación en el Congreso.

Rápidamente Arias aprovechó el fallo y obtuvo la aprobación del Congreso, y del tribunal mismo, para llevar a cabo un voto público por decreto ya en septiembre, pero sin recabar firmas. Una vez más, los procedimientos normales se evitan para imponerles el TLCAC a los ciudadanos costarricenses, a pesar de que la mayoría se opone al mismo.

Arias y las corporaciones transnacionales a las que sirve tienen la plena confianza de que podrán modificar la voluntad del pueblo por medio de “zanahoria y garrote”. Su campaña incluye falsas promesas de nuevas exportaciones y de medio millón de empleos si se ratifica el TLCAC — y las represalias de los EEUU, y la pérdida de $400 millones de dólares en exportaciones libres de aranceles a los EEUU, si se rechaza el TLCAC.

En realidad, las exportaciones de Costa Rica están protegidas de aranceles por medio de un acuerdo comercial de la zona del Caribe que sólo el Congreso de EEUU puede rescindir. Son los países que ya han adoptado el TLCAC los que han sufrido severas bajas en exportaciones a EEUU, mientras que las exportaciones desde EEUU se han duplicado y han dejado sin trabajo a miles de centroamericanos.

Si se aprueba, el TLCAC y sus leyes complementarias relacionadas forzarán a que se abran a la privatización las industrias de la electricidad, los seguros y las telecomunicaciones y que se restrinja el uso de medicamentos genéricos. El desmantelamiento del sector público nacional altamente organizado causará despidos masivos, destrucción de sindicatos y la reducción en los servicios a los costarricenses más pobres. Otras estipulaciones expondrán a los pequeños campesinos a una devastadora competencia por parte de los altamente subsidiados comercios agrarios de los EEUU.

Los activistas que se manifiesten contra el tratado, incluyendo a los líderes laborales, académicos e izquierdistas, serán condenados por las fuerzas en pro del TLCAC como “terroristas disfrazados” y como “opositores a los intereses nacionales”. También sufrirán allanamientos de sus oficinas, amenazas de muerte, asedio policial, violencia y trampas policiales. Por ejemplo, Orlando Barrantes, franco opositor al libre comercio y presidente del sindicato de trabajadores del banano, fue juzgado y sentenciado en 2006 por acusaciones falsas de secuestro.

Siempre y cuando se les niegue la libertad de expresión y asociación a los críticos del libre comercio, no podrá haber un voto público justo sobre el TLCAC. Además de estos obstáculos, también existe una falta de igualdad en los recursos para las campañas, en el acceso parejo a los medios masivos, y en la protección contra el fraude electoral y el chantaje económico.

Aumentemos el furor. El PRT de Costa Rica y sus aliados de izquierda y laborales no cuentan con falsas esperanzas. Además de haber hecho un llamado por el “no” en el referéndum, siguen movilizándose para realizar actos masivos y huelgas para parar el TLCAC y su legislación relacionada. La acción militante en las calles y el lugar de trabajo es la fuente real de la fuerza de los trabajadores y prepara al pueblo para aceptar no menos que la derrota total del acuerdo.

El apoyo continuo del movimiento laboral internacional también ayudará a incrementar las fuerzas de oposición en su campaña para convencer a sus compañeros costarricenses de que echen por la borda este pacto tan dañino. Échale una ojeada al sitio de la Web del FSP, www.socialism.com, o manda un correo electrónico a fspus@socialism.com para recibir copias de las resoluciones anti-TLCAC y actualizaciones de cómo puedes ayudar para que Costa Rica venza al TLCAC y a los conquistadores del libre comercio.

Fred Hyde, miembro del Comité Nacional del FSP, es miembro desde hace 30 años de la Federación de Empleados del Estado de Washington y con frecuencia funge como delegado del sindicato Local 304 en el consejo laboral estatal.

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