VOCES DE COLOR

El culpar a China provoca una creciente violencia contra los asiáticos

27 de marzo de 2021. Frente al Ayuntamiento de Los Ángeles, una familia joven participa en una manifestación contra los crímenes de odio anti asiáticos. FOTO: Ringo Chiu / Reuters
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El asesinato de seis mujeres asiáticas en Atlanta fue un rudo recordatorio de la historia de violencia racista de Estados Unidos contra las comunidades asiático-americanas e isleñas del Pacífico (AAPI, por sus siglas en inglés). Dichos asesinatos fueron unos de más de 6,603 delitos de odio contra personas AAPI denunciados en todo el país durante el año pasado. Esto es casi el doble del período anterior según Stop AAPI Hate (Paren el Odio contra los AAPI). Desde marzo de 2020 hasta marzo de 2021, se reportaron más de 830 incidentes de violencia física en los Estados Unidos.

Lamentablemente, el racismo actual no tiene nada de nuevo. A fines del siglo XIX, llegaron a Estados Unidos los primeros trabajadores chinos en busca de una vida mejor. Sin embargo, se encontraron con palizas, linchamientos y restricciones legislativas racistas. Las mujeres chinas en particular fueron sometidas a un trato brutal. La Ley Page de 1875 prohibió que las mujeres chinas emigraran a los Estados Unidos y la Ley de Exclusión China de 1882 selló la frontera. Considerados como competidores por los puestos de trabajo, este es, en parte, el origen del racismo anti-asiático, el cual tiene profundas raíces en el sistema de lucro.

Desde el internamiento de los estadounidenses de origen japonés durante la Segunda Guerra Mundial hasta los ataques actuales, la violencia ha sido una amenaza constante en la comunidad asiático-americana y de las islas del Pacífico.

Sin lugar a dudas, la incesante referencia de Trump al Covid-19 como el “virus de China” y la “gripe kung” añadió más leña al fuego. Sus diatribas racistas, amplificadas por el vocero de FOX, Tucker Carlson y otros expertos de la derecha, contribuyeron al aumento de la violencia contra la gente AAPI. Sin embargo, esa no es toda la historia.

Superpotencia global. Muchos políticos han demostrado su desprecio contra China, incluido Biden, quien ha intensificado los ataques contra dicho país desde que asumió su cargo. Su administración ha mantenido los aranceles de Trump, que se aplican al 66% de las exportaciones de China.

China es el principal competidor económico de Estados Unidos y el mayor receptor de inversión extranjera directa. Además, es el principal socio comercial de Japón, Alemania y la Unión Europea, una posición que anteriormente ocupaba EE. UU. Actualmente es el beneficiario del acuerdo comercial más grande del mundo, la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés), firmado por 15 países de Asia y el Pacífico. Por ende, China representa una enorme amenaza para las ganancias de los capitalistas estadounidenses y los políticos que los favorecen. Al mismo tiempo que la economía de los Estados Unidos continúa tambaleándose, China está experimentando una recuperación económica, a pesar de que permite que muchas personas en las áreas rurales sigan siendo pobres.

Republicanos y demócratas intentan satanizar a China tildándola de destructora de la democracia. El otro mito de siempre es que los chinos son los perpetuos extranjeros que nunca se pueden asimilar y en quien no se puede confiar, especialmente porque son comunistas. A pesar de la retórica, China es “comunista” sólo de nombre. Su economía es capitalista, basada en el lucro, no en la propiedad colectiva. Los millonarios y multimillonarios chinos se están enriqueciendo a costa de la fuerza laboral china al igual que sus contrapartes estadounidenses. La verdad es que, hoy en día, es posible que China sea un país capitalista aun más lucrativo que Estados Unidos.

Los ataques contra China se han convertido inevitablemente en ataques contra los trabajadores AAPI. Se les culpa por ser la causa de que los empleos estadounidenses se trasladen al extranjero. La gente AAPI es el chivo expiatorio por supuestamente “robarles trabajos” a “estadounidenses reales”. Si se agrega la pandemia a este brebaje tóxico, el resultado es una tormenta perfecta para fanáticos y xenófobos.

Una defensa fuerte. No obstante, la escalada de ataques y brutalidad ha generado oleadas de apoyo en la comunidad de AAPI y en otras. Se han realizado marchas y mítines en todo Estados Unidos, incluido un día nacional de protesta. Personas de todos los colores se han solidarizado para exigir el enjuiciamiento de los criminales y el fin de los ataques racistas.

Más del 70% de quienes informaron haber sido acosados o atacados son mujeres, debido a los peligros de los estereotipos sobre las mujeres asiáticas. Aun así, las mujeres de la AAPI están luchando, defendiéndose y organizándose. Las mujeres AAPI deben estar al frente de un movimiento osado. Sus experiencias de vida conectan el racismo, la xenofobia y la misoginia y estos deben abordarse de frente para poner fin a la violencia.

Todos podemos hacer algo, desde participar en la defensa de la comunidad hasta pronunciarse en contra de los ataques contra China. Jóvenes activistas de color están iniciando acciones para frenar la violencia, especialmente contra las personas mayores. Cuando Jacob Azevedo convocó a voluntarios para escoltar a personas mayores en el barrio chino de Oakland, cientos de personas respondieron. Así nació Compassion in Oakland y ahora cuenta con una segunda sucursal en el Sunset District de San Francisco.

El Concilio Nacional de Camaradas de Color del Partido de Libertad Socialista y Mujeres Radicales escribió lo siguiente en respuesta a los asesinatos de Atlanta y al aumento en la violencia: “Podemos combatir estos ataques a través de la solidaridad de otras comunidades de color y blancas, y con el liderazgo militante asiático-estadounidense”. La declaración “Detengan los ataques anti-asiáticos con una defensa comunitaria multirracial” exhorta a las personas a intervenir cuando sean testigos de un ataque o abuso. Documenten todo. Construyan alianzas multirraciales, incluido un movimiento sindical democrático.

Y, por supuesto, los políticos deben responsabilizarse por instigar la violencia racista y hacer de China el chivo expiatorio y, por extensión, a la comunidad AAPI.

Esfuerzos internacionales. Los trabajadores de ambos países pueden cruzar las fronteras para crear una causa común. En China ha habido más de 470 huelgas desde noviembre de 2020 y en los EE. UU. en 2018 y 2019 se produjo una ola masiva de huelgas y paros laborales. Bajos sueldos, viviendas caras y una lucha general por la supervivencia: estas son las cuestiones por las que los trabajadores están luchando en ambos países.

El legado histórico de violencia contra las personas AAPI en los EE. UU. tiene sus raíces en la explotación laboral y en mantener a los más explotados separados de sus aliados naturales. La solidaridad internacional entre trabajadores de todos los colores y naciones es la mejor manera de mejorar las condiciones para todos.

La lucha entre los capitalistas del mundo no es la lucha de la clase trabajadora, pero la lucha contra los especuladores sí lo es.

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