El liderazgo dinámico de las trabajadoras latinas: una fuerza que trasciende las fronteras

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LA PRIMAVERA pasada leí la novela Sangre del desierto: Los asesinatos de Ciudad Juárez (Desert Blood: The Juárez Murders) de Alicia Gaspar de Alba. El libro trata de los continuos asesinatos pandémicos de mujeres de Ciudad Juárez durante más de 15 años, ciudad fronteriza justo al otro lado de El Paso, Texas.

La historia comienza cuando la protagonista, Ivón Villa, viaja de Los Ángeles a El Paso para asistir a una reunión familiar. En el avión lee, por primera vez, acerca de los asesinatos masivos de jóvenes trabajadoras de fábricas en Ciudad Juárez. Se llena de furia al darse cuenta de que no sabía nada de esta tragedia que ocurre tan cerca de su ciudad natal. A medida que se desarrolla la trama, Ivón debe internarse en un mundo peligroso donde las mujeres desaparecen misteriosamente y después las encuentran torturadas, violadas y asesinadas.

Apegándose a la realidad, la autora desvela la ruin indiferencia hacia este femicidio por parte de la policía y de los funcionarios de gobierno a ambos lados de la frontera. También muestra su complicidad con los insensibles propietarios de las grandes fábricas que no han hecho nada para proteger a sus empleadas.

LA CULTURA QUE ha engendrado la economía “liberalizada” de México es también descrita aptamente por Gaspar de Alba.

Los asesinatos de Ciudad Juárez comenzaron justo cuando se implementó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte para el beneficio de las corporaciones de EEUU. Dicho tratado ha causado grandes estragos en las comunidades del sur de México, provocando una pobreza masiva que ha forzado a las mexicanas a mudarse al norte para ganarse el pan en una de las fábricas multinacionales que están proliferando en ciudades como Ciudad Juárez.

En las maquiladoras, las trabajadoras se vuelven objetos desechables. Las vidas de las trabajadoras de piel morena, que son súper explotadas y tienen bajos salarios, se devalúan tanto que se hace muy poco cuando cientos de ellas aparecen asesinadas.

Aunque esta horrible situación ha recibido un poco de atención, los cuerpos de mujeres siguen apareciendo y la situación se ignora. En Sangre del desierto, Gaspar de Alba acusa severamente a los medios de comunicación tradicionales de permanecer callados — y hace hincapié en que uno de sus objetivos es utilizar la novela para captar la atención del público hacia estas muertes inadvertidas, las cuales desgraciadamente ocurren también en Guatemala.

Sangre del desierto es un buen libro que vale la pena leer, pero al terminarla me sentí frustrada. El libro casi no habla de la lucha feminista colectiva contra estos terribles crímenes, en la cual la autora participa.

Las madres y las familias de las víctimas se han organizado para dirigir un ferviente movimiento. Han hecho cruces negras en un fondo rosa como símbolo de las mujeres asesinadas, han galvanizado a la gente de todo el mundo, han organizado marchas y manifestaciones, y han presionado a los funcionarios públicos para que hagan algo para acabar con semejantes atrocidades. A la vez que hacen todo lo anterior, estas capaces mujeres están definiendo su movimiento políticamente al asociar su lucha por la justicia con la lucha contra la globalización corporativa.

No están solas en su demostración de liderazgo. En los años desde que el “libre comercio” se convirtió en el mantra capitalista, las mujeres de todo el mundo han sido cruciales en la movilización contra el mismo. Esto se aplica tanto a los Estados Unidos, donde las latinas inmigrantes están desempeñando una función fundamental, como al resto del mundo.

El neoliberalismo ha forzado a las mujeres de toda América Latina a emigrar al Norte para sobrevivir. Los EEUU “dan la bienvenida” a estas recién llegadas que trabajan duro en un entorno hostil donde son subyugadas e infravaloradas como fuente de mano de obra barata. Se les recibe con redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), deportaciones, injusticias racistas, y acusaciones falsas y sexistas de procrear bebés con “anclas” para poder permanecer en el país. También las amenazan los Milicianos (Minutemen), vigilantes que están preparando el terreno para nuevos fascistas.

Nada de lo anterior les ha impedido a estas mujeres a que ayuden a forjar un vibrante movimiento de derechos para los inmigrantes. Justo como en Ciudad Juárez, las líderes de la comunidad latina de los EEUU están llevando el movimiento a las calles para manifestarse públicamente contra la xenofobia y la complicidad gubernamental con sus explotadores y violadores.

Uno de los modelos entre dichas mujeres es Elvira Arellano, inmigrante indocumentada con un hijo nacido en EEUU que desafió audazmente una orden de deportación y se asiló en una iglesia de Chicago en agosto del 2006. Al hacer pública su resistencia, Arellano ayudó a que los defensores de los inmigrantes se concentraran en las redadas de la ICE, encendió la llama del desarrollo del movimiento de asilos, y estimuló el apoyo internacional. Aunque las autoridades insisten en que tienen el derecho de entrar a la iglesia para aprehenderla, aún no lo han hecho.

HE CONOCIDO a mujeres ingeniosas como Arellano durante dos viajes que he hecho estos años con las hermanas y camaradas de Mujeres Radicales (Radical Women, o RW) y del Partido de Libertad Socialista (Freedom Socialist Party, o FSP) a Yakima, Washington, ciudad habitada principalmente por trabajadores agrícolas inmigrantes.

Durante nuestra primera visita, en que participamos en una marcha y una manifestación del Día del Trabajo, escuché a las latinas que contaban sus historias de organización y protesta contra los Milicianos que estaban llevando a cabo una reunión de reclutamiento en una plaza del dominio público.

Unas semanas después, en un congreso estudiantil, conocí a unas mujeres que hablaron contra los programas de “trabajadores invitados” y de las deportaciones, e hicieron un llamado en pro de los derechos de las mujeres y de la plena amnistía para los inmigrantes sin papeles. Una de dichas mujeres, Rosalinda Guillén, organizadora comunitaria veterana, ha iniciado manifestaciones de protesta mensuales frente a un centro de detención de inmigrantes en Tacoma, Washington.

A muchas latinas y a nuestros aliados, el incremento en el ataque contra los inmigrantes no nos ha intimidado, al contrario, nos ha dado más ímpetus en nuestra determinación de seguir luchando.

Este verano en Seattle, RW y FSP estuvieron ocupados organizando un contingente llamado “El amor no conoce fronteras” para la marcha del Orgullo Gay el 23 de junio cuando descubrimos, alrededor de las 11 de la mañana, que los Milicianos estaban planeando una manifestación esa misma tarde. Después de difundir las noticias, nuestro contingente multigeneracional de feministas, gays, inmigrantes y gente de todos los colores marchamos en el desfile y después nos dirigimos al centro, donde nuestro grupo y otros grupos hicieron frente a los Milicianos con un gran fervor, y duramos más que ellos.

El mismo sábado en Los Ángeles, unas mujeres fuertes fueron, una vez más, parte de un grupo multirracial manifestándose contra la marcha de los Milicianos en la región sur-central. Cuando esta gente llena de odio llegó al Parque Leimert para realizar su manifestación, fueron bloqueados por protestadores militantes, encabezados por mujeres negras, quienes impidieron que los Milicianos entraran al parque.

La poeta africano-americana June Jordan, refiriéndose a la función esencial del liderazgo de las mujeres, escribió, “Somos las que estábamos esperando”. Y, ¿cómo no iba a ser eso verdad?

Las mujeres pagan el precio más alto por la opresión capitalista. Pero ésta es también la chispa que nos da la fuerza para exigir un nuevo tipo de sociedad en la cual nuestras vidas cuenten para algo, ya sea que vivamos en Ciudad Juárez, en Yakima, en Lagos o en Kabul; en otras palabras, la fuerza para ser líderes. Y dicha fuerza nunca la podrá borrar ni acallar ningún tipo de persecución ni de represión.

Christina López, organizadora de Mujeres Radicales de Seattle, oriunda de Arizona, desempeña una función feminista y unificadora clave en el Noroeste en la lucha de los inmigrantes. Se le puede contactar en cglopez@mindspring.com.

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