Mientras persiste la ocupación militar de Washington D.C., el “Gran Feo Proyecto de Ley” promete causarles un sufrimiento sin precedentes a las personas pobres y trabajadoras. Este presupuesto realiza recortes drásticos a SNAP, Medicaid y el Departamento de Educación, y amenaza a Medicare, el Seguro Social y otros servicios públicos. Estos recortes se hicieron para financiar enormes reducciones de impuestos para las corporaciones y los ultrarricos. Sin embargo, igualmente preocupante es el aumento de miles de millones en gastos para el ejército, las fuerzas del orden, la vigilancia, las prisiones, ICE (Inmigración y Control de Aduanas) y los centros de detención.
Sumando los daños
Los recortes de impuestos para los ricos agregan entre 3 y 4 billones de dólares al déficit y reducen los ingresos federales en 5 billones durante los próximos 10 años. Las personas que ganan 3,5 millones al año pagarán 300,000 dólares menos. Al mismo tiempo, las familias trabajadoras y pobres que ganan 24,000 dólares al año pagarán 1,200 dólares más. Esto representa la mayor transferencia de riqueza de las personas pobres y trabajadoras hacia los ricos en la historia de EE. UU.
Además de estos obsequios fiscales, el nuevo presupuesto otorga 895 mil millones de dólares al Departamento de Defensa — ahora renombrado, acertadamente, como el Departamento de Guerra. El Departamento de Seguridad Nacional recibe 170 mil millones para labores antimigratorias. ICE triplica su presupuesto de 2024, convirtiéndose en la organización de aplicación de la ley más grande del país. Y ahora ICE tiene más fondos que la mayoría de los ejércitos del mundo.
Con este regalo presupuestario inesperado, ICE planea contratar a otros 10,000 agentes. Las corporaciones privadas de detención Core Civic y GEO Group esperan con entusiasmo los 45 mil millones de dólares presupuestados para expandir las prisiones. Palantir Technologies, una empresa que produce nuevos sistemas de vigilancia y métodos para extraer datos de bases gubernamentales, obtendrá ganancias de 36 mil millones adicionales.
Estos sistemas invasivos no solo se usan contra migrantes indocumentados, sino también para criminalizar la disidencia. Cientos de estudiantes han sido expulsados o han perdido sus visas simplemente por asistir a una protesta pro-Palestina o por manifestarse contra ICE. Un ejemplo flagrante es Rumeysa Ozturk, becaria Fulbright en la Universidad de Tufts, que tenía una visa de estudiante vigente. Fue detenida en marzo por agentes encubiertos enmascarados y retenida durante meses tras coescribir un editorial crítico de Israel.
Trump afirma que solo persigue a violadores, asesinos y pandilleros, pero el 70% de los inmigrantes encarcelados no tienen condenas penales. Muchos son residentes legales. Esto es solo el primer disparo en una guerra que Trump seguramente librará contra todos los disidentes, utilizando ilegalmente a ICE, la Guardia Nacional e incluso al ejército como su propia milicia, quienes responderán únicamente a él… otro paso autoritario hacia un estado policial.
Ocupación militar de ciudades estadounidenses
En junio, cientos de miembros de la Guardia Nacional y Marines invadieron Los Ángeles para apoyar a ICE en una redada diseñada para capturar inmigrantes y reprimir las grandes protestas contra ICE. Fueron enfrentados por valientes escuadrones comunitarios de defensa mutua. Actualmente, 250 soldados siguen allí.
Esto viola la Ley Posse Comitatus, que prohíbe el uso del ejército para la aplicación de la ley dentro del país. Trump basa sus acciones en una teoría controvertida del poder ejecutivo que sostiene que el presidente puede llamar al ejército para proteger al personal o propiedad federales.
Su siguiente movimiento beligerante fue invocar falsamente una emergencia criminal en Washington D.C. y ordenar el despliegue de la Guardia Nacional en agosto. Varios estados han enviado sus propios miembros de la Guardia, creando una fuerza de más de 2,200 efectivos. También hay 130 agentes del FBI como parte de lo que en gran medida es una campaña de terror antiinmigrante.
Esta ocupación disruptiva por tropas enmascaradas y a menudo no identificadas hace que disminuya el turismo y ha sido enfrentada con demandas, enormes protestas y residentes que los expulsan de los vecindarios gritando:
“¿De quién son las calles? ¡Son nuestras calles!”
Trump planea invadir Chicago a continuación, y amenaza a Baltimore, Oakland y la ciudad de Nueva York, ignorando las declaraciones vehementes de gobernadores y alcaldes que le exigen retirarse. Todas estas ciudades han visto una reducción de aproximadamente el 25% en el crimen violento en los últimos años, y todas están dirigidas por alcaldes afroamericanos.
La clase trabajadora está contraatacando
En las encuestas, alrededor del 60% de los estadounidenses desaprueban las políticas migratorias de Trump y en los infrecuentes cabildos abiertos organizados por los republicanos, los asistentes ahogan a los políticos con gritos de protesta. Mientras tanto, más de 5 millones de personas participaron en las marchas “No Reyes” contra el autoritarismo el 14 de junio, y millones continúan manifestándose semanalmente. Es obvio que la gente está harta de los recortes de servicios y los decretos ilegales de Trump.
Lo que se necesita es un frente unido, una organización democrática liderada por la clase trabajadora, que defienda las necesidades de los más vulnerables, para luchar contra estos recortes presupuestarios que amenazan la vida y para detener esta marcha hacia un estado policial.
A medida que el sistema capitalista sigue tambaleándose y el autoritarismo creciente se cierne, todavía podemos enfrentarnos a los dictadores en potencia. Los sindicatos, las mujeres, las personas de color, las comunidades queer y trans, y la juventud deben unirse y decirles a los peces gordos que no toleraremos este ataque sin precedentes a nuestros derechos.








