¡Eliminemos la OMC!: El comercio capitalista nunca podrá ser libre ni justo

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Una amiga mía me solía contar la historia del día en 1929, cuando, después del desplome del mercado de valores, su padre furiosamente cogió la gavetas llenas de certificados de acciones sin valor alguno y los quemó.

La suya era una familia inmigrante de trabajadores. Durante los años 20, el ascenso ininterrumpido del mercado de valores atrajo a las clases media y obrera, no sólo a los ricos.

Ahora esta situación se está repitiendo.

Durante los años 90, el valor del Standard and Poor´s 500 , un amplio índice del mercado, subió casi un 400 por ciento. Hoy día, casi la mitad de la población de los Estados Unidos tiene acciones, en su mayor parte a través de fondos de pensión y cuentas de jubilación.

Pero durante el transcurso del año pasado, los accionistas fueron testigos de la caída del S&P 500 en casi un 25 por ciento mientras las acciones del área tecnológica, observados por el Índice Compuesto NASDAQ, subió más del 62 por ciento. Entonces, después de alcanzar niveles bajos en marzo y principios de abril, la bolsa comenzó a incrementarse, mientras fluctuaba hacia la alza y la baja.

A medida que las acciones fluctúan y que se transmiten las malas noticias en otras áreas económicas, las autoridades principales discuten si la economía se encuentra en un simple descenso sutil o si se encamina hacia un desastre. ¿Qué significa todo esto?

Wall Street en la cima, la producción en la base. Los accionistas son jugadores que apuestan ya sea que las ganancias corporativas les remunerarán con dividendos el precio de sus acciones, y más, o que podrán vender dichas acciones cuando haya una alza.

Se supone que el valor de las acciones es un reflejo de las ganancias futuras de una compañía. Pero durante los últimos años de los 90, la bolsa de valores se expandió en forma de una gigantesca burbuja especulativa; los precios de las acciones aumentaron mucho más que las ganancias que eran acumuladas. Algunas de las compañías de Internet acabaron con acciones valoradas en los miles de millones de dólares, ¡sin siquiera haber tenido todavía ni un centavo en ganancias!

Y ahora, se tiene que pagar el costo de toda esa irracionalidad.

Las ganancias se generan en el proceso de producción de bienes y servicios; y provienen de una fuente: la diferencia entre lo que se les paga a los trabajadores y el valor de las mercancías que ellos producen. Pero las ganancias sólo se pueden obtener cuando, y si, se venden dichas mercancías. Si la producción ha superado la demanda, como ocurre con frecuencia, el gasto total en trabajo y materias primas se convierte en pérdida.

Tal estado de sobreproducción precedió y provocó la tremenda caída de octubre de 1929. La construcción, la manufactura de autos, el transporte: todas éstas y otras industrias clave ya habían declinado.

La recesión: demasiadas cosas para vender y falta de capacidad para devengar ingresos. Hoy día, la capacidad productiva ha superado, una vez más, la capacidad de los consumidores para comprar los productos que ellos mismos, como trabajadores, fabrican.

Un ejemplo: Cisco Systems, “el principal fabricante de sistemas de redes para el Internet,” anunció en febrero que su inventario se incrementó en un 29 por ciento durante su trimestre más reciente — eso además de una subida del 59 por ciento el trimestre anterior.

Durante el primer trimestre de 2001, el crecimiento económico de EE.UU. bajó a casi cero: EE.UU., así como Japón, se encuentra en recesión. Ésa es la realidad subyacente que es problemática para el mercado de valores.

Se ha dado mucha atención a la función que tiene la Dirección de la Reserva Federal para estabilizar la economía. Como respuesta al retraso actual de la economía, la Dirección redujo la tasa de interés que los bancos se cobran entre sí cinco veces en un periodo de poco más de cuatro meses. Al influir en las tasas en general, dicha acción se supone que hará el crédito más accesible y, de esta manera, incrementará el consumo. Pero dado que los negocios con riesgos reaccionan al retraso con despidos instantáneos y dado que los consumidores se encuentran abrumados por las deudas, el cambio en los niveles de interés puede, en el mejor de los casos, proporcionar un alivio limitado.

El desempleo: una bomba a punto de estallar. Después de años de un nivel de desempleo relativamente bajo, las cifras oficiales de desempleo han saltado a un 4.5 por ciento. La desaparición y despidos de las compañías de informática e Internet acabaron con 350,000 empleos durante los primeros tres meses de 2001, y 104,000 empleos de la manufactura desaparecieron sólo en abril.

Y de hecho, la situación de empleos no era muy buena desde un principio. Por una parte, las cifras de desempleo del gobierno no incluyen a gente que ha renunciado a buscar trabajo ni a aquéllos que están subempleados.

Tampoco incluyen la población carcelaria de los EE.UU., que es de cinco a diez veces mayor que la de otros países industrializados, ni el enorme ejército estacionado. ¡Si tomamos en cuenta los miembros de estos grupos, que no son parte de la fuerza laboral regular, más los buscadores de empleo que han cesado de buscar, la cifra de desempleo sube a más del 10 por ciento!

Como siempre, algunos grupos se ven más afectados que otros. El nivel oficial de desempleo entre los adolescentes es del 14.2 por ciento; entre los negros, 8.2 por ciento; y entre los hispanos, 6.5 por ciento. Un estudio que incluía también a los reos descubrió que cerca de uno en cada cinco hombres afroamericanos estuvieron desempleados en la próspera década de los 90.

A nivel internacional, el número de personas desempleadas y subempleadas se calculaba en 1998 en 1,000 millones. A la vez, según la ONU, las mujeres desempeñaban el 53 por ciento del trabajo total a nivel global constituyendo el 70 por ciento de aquéllos que viven en la pobreza.

“El libre comercio” y el movimiento en contra del mismo. El empuje actual en pro del libre comercio sólo agrava el problema de la sobreproducción (o bajo consumo). La explotación intensificada, representada gráficamente por las maquiladoras y las zonas de libre empresa, empobrecen aún más a los países y trabajadores pobres de todos sitios, reduciendo su poder adquisitivo. Cada triunfo a corto plazo de las grandes corporaciones sólo prepara el camino para problemas aún más graves la siguiente vez. Ésta es una de las fallas irresolubles del sistema de lucro.

Al fin y al cabo, Bill Gates tiene un límite en el número de mansiones que puede construir. La economía la mantiene a flote la gente trabajadora que consume lo que necesita para sobrevivir.

Otra cosa que está impulsando la economía es el gasto permanente en armamentos. Esto garantiza la producción permanente y las ventas seguras en por lo menos un área aunque también genera sus propios efectos secundarios económicamente nocivos como la inflación.

Ése es el mundo inhumano y antinatural que ha creado Wall Street. Y en todo el mundo, cada vez más gente está llegando a la conclusión de que este mundo es un mundo en el que no pueden vivir. El movimiento en expansión contra el libre comercio está estableciendo vínculos entre los sindicatos y una dinámica movilización juvenil anticorporativa y entre los trabajadores a nivel internacional.

Dicho movimiento ha tenido contratiempos a lo largo de su camino y tendrá aún más. Pero los trabajadores y la gente oprimida merecen dominar los obstáculos y ocuparse de las cuestiones que los dividen.

Es una cuestión de supervivencia. La historia nos ha enseñado que las crisis económicas apenas afectan a las élites gobernantes; de hecho, crean nuevas oportunidades para que las compañías más fuertes se traguen a las más débiles. Los damnificados son los trabajadores y ya es hora de que se revierta esta situación.

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