En medio de la tormenta internacional: las mujeres contra la derecha religiosa

Share with your friends










Submit
This article in English

¿Qué pasa cuando posponemos un sueño?

No hace mucho tiempo, la liberación de las mujeres era una ola en progreso. Era razonable pensar que la sociedad continuaría tirando hacia delante. Junto con el progreso para las mujeres, millones de personas en todo el mundo se inspiraron en los avances de los derechos de las minorías raciales y sexuales, en las exitosas luchas de liberación nacional, y en el prospecto de una democracia y bienestar cada vez mayores.

Hoy día, esas ilusiones se han perdido. Domina la reacción y para las mujeres, el retroceso de la marcha social es la agonía.

En los EE.UU., un juez del estado de Washington dictamina que una mujer maltratada no se puede divorciar de su marido porque está embarazada.

En Irán, una mujer adolescente con una edad mental de ocho años corre el peligro de ser ejecutada por apedreamiento a causa de “actos contra la castidad.”

En Nigeria, una mujer condenada por adulterio por un tribunal religioso islámico apenas se escapa de ser apedreada porque su sentencia de muerte fue revertida por apelación.

Hoy en día, el destino de las mujeres está siendo dictado por una derecha religiosa en crecimiento, plaga que infecta todos los rincones del mundo. ¿Por qué está sucediendo esto?

Rescatadores de un sistema en estado de sitio. El marcado incremento en el fundamentalismo de derecha en el teatro global en los años 70 fue una reacción a revoluciones inconclusas y a una economía global titubeante.

Los movimientos populares de los años 60 fueron enormes y explosivos. Sin embargo, demasiado pocos izquierdistas estaban dispuestos a comunicarles a dichos movimientos lo que necesitaban oír: que la única manera de lograr la paz y la justicia de forma segura era a través de la revolución socialista. A medida que los gobiernos ejercían la represión, los movimientos populares perdieron su fuerza.

Sin embargo, muchas luchas de liberación nacional siguieron cobrando fuerza, justamente cuando la economía se deslizaba hacia la recesión. Para sobrevivir, los capitalistas trataron de reprimir dichos movimientos nacionales, de ganar la Guerra Fría, y de mermar los logros sociales.

Como siempre, necesitaban de una cubierta ideológica. Se hizo uso de los mantras de la derecha religiosa tales como “valores familiares”, anticomunismo, y el respeto por la autoridad, los cuales eran perfectos para este propósito.

El matrimonio del Tío Sam y la derecha cristiana. En los EE.UU., organizaciones tales como la Mayoría Moral (Moral Majority) y la Coalición Cristiana (Christian Coalition) aprovecharon los temores y prejuicios de la gente para atacar los derechos de los gays, la Enmienda por la Igualdad de Derechos (Equal Rights Amendment) para las mujeres, y el aborto.

Durante el gobierno del presidente Jimmy Carter, cristiano “vuelto a nacer” sureño elegido en 1976, se aprobó una prohibición contra el financiamiento federal de abortos de mujeres pobres — al mismo tiempo que fondos gubernamentales apoyaban programas para la esterilización de mujeres de color.

El sucesor de Carter, Ronald Reagan, impuso la regla que prohíbe que las agencias de planificación familiar financiadas por EE.UU. de todo el mundo si quiera mencionen el aborto. Mientras tanto, derechistas difundían el terror en clínicas de aborto de EE.UU. y mataban y herían doctores, personal y pacientes.

George W. Bush asumió la presidencia a principios del 2001, después de una marcha continua hacia la derecha bajo su padre y Bill Clinton.

Se dispuso a exterminar la ya débil división constitucional que separa a la Iglesia y el estado, poniendo rápidamente a docenas de cristianos reaccionarios y judíos sionistas derechistas en puestos de importancia para la toma de decisiones.

Dentro de agencias como el Departamento de Salud y Servicios Humanos y la Administración Federal de Drogas, burócratas “vueltos a nacer” crean desastrosas políticas sociales de las cuales la gente con frecuencia ni se entera, y mucho menos tienen la oportunidad de votar por ellas.

Por ejemplo, usan su poder para promover la abstinencia como el único medio aceptable de control de la natalidad y la mentira de que los condones son ineficaces para prevenir el contagio de enfermedades venéreas.

Ellos se han ganado con creces el nombre que les dio el periodista Stephen Pizzo: los talibanes cristianos.

Los EE.UU. promueven el fundamentalismo en todo el mundo. En los años 70, el gobierno de EE.UU. también sentó las bases para el surgimiento del los verdaderos talibanes en Afganistán — y para la difusión del extremismo islámico en todo el Oriente Medio.

En 1978, comunistas afganos, apoyados por la Unión Soviética, derrocaron a la monarquía Daud. Se apropiaron de las propiedades de los señores feudales, prohibieron la venta de novias, e hicieron obligatoria la educación para niñas.

Decididos a mermar la influencia de la URSS en la región, los Estados Unidos financiaron y entrenaron a fundamentalistas islámicos para que lucharan contra el nuevo gobierno, provocando así la guerra afgano-soviética. Fue durante este conflicto que Osama bin Laden y la CIA colaboraron por primera vez.

El resultado eventual fue el regreso a un régimen criminal y misógino dirigido por los talibanes.

El Tío Sam también patrocinó organizaciones de derecha tales como la Hermandad Musulmana (Muslim Brotherhood) para desestabilizar los gobiernos seculares de tendencias izquierdistas de Egipto y Siria. Los fundamentalistas aprovecharon el sentimiento anticomunista que surgió en gran parte como resultado de la naturaleza antidemocrática de la Unión Soviética. Los reaccionarios religiosos satisficieron la falta de un liderazgo populista que dejó “la derrota de los impulsos seculares, modernistas y socialistas a escala mundial”, como Tariq Ali escribe en su libro El choque de fundamentalismos.

Al mismo tiempo, EE.UU. siguió apoyando a los sionistas de Israel — defensores estos de la noción de un estado religioso exclusivamente judío y opresores de los palestinos — como una garantía más contra la revolución árabe.

Mientras tanto, a la vez que los reaccionarios islámicos y sionistas hacían el trabajo sucio de EE.UU. en el Oriente Medio, crecía en América Latina un movimiento protestante evangélico, el cual era financiado y construido en gran parte por grupos de EE.UU. tales como la Mayoría Moral.

En Guatemala, en 1982 y 1983, el dictador mormón evangélico José Efraín Ríos Montt fue responsable del genocidio de decenas de miles de personas, la mayoría indígenas mayas, en nombre de Dios y del anticomunismo. Ríos Montt recibió financiamiento y apoyo de la Gospel Outreach Church, con base en California, y fue fuertemente respaldado por el gobierno de Reagan.

Como en los EE.UU., una de las características que define el fundamentalismo de América Latina es su defensa de los “valores familiares”. Durante los años 60, las madres de América Latina tenían un promedio de seis hijos. A medida que más mujeres lograban el acceso a los anticonceptivos y al aborto, el número promedio de hijos bajó a tres a mediados de la década de los 90. Los evangélicos de derecha consideran como factor clave de su misión la oposición a dichas prácticas de liberación.

El atractivo de la religión es el mismo de siempre: ofrece a la gente que sufre pobreza y privaciones en este mundo la promesa de un futuro grandioso en el siguiente. Le da a la gente un sentido de comunidad. Reemplaza la incertidumbre con respuestas acerca del significado de la vida y la muerte.

Los pueblos de América Latina han vivido revoluciones fallidas, la traición de gobiernos seculares y la represión del movimiento de la teología de la liberación. El atractivo de la eventual redención y recompensa no es difícil de entender.

Liberación de las mujeres: un reto para la Izquierda. ¿Por qué la condición de las mujeres tiene un papel tan fundamental en el conflicto entre el progreso y la reacción, la Izquierda y la Derecha, el secularismo y la religión? En un último análisis, se debe a que el capitalismo depende absolutamente de la subyugación femenina: la demanda por la liberación de las mujeres es inherentemente revolucionaria. Como comentan Clara Fraser y la Dra. Susan Williams en un artículo publicado en el libro de Fraser, La revolución, escribió ella:

“La clase patriarcal capitalista depende de las mujeres para la consecución de trabajo doméstico no remunerado, y a la vez, explota a las mujeres… como un vasto almacén de mano de obra barata…. Por eso la burguesía no puede erradicar el sexismo como no puede eliminar el racismo.”

El surgimiento de Khomeini en Irán es un ejemplo clásico de la miopía de la Izquierda con respecto a la importancia del feminismo. La misoginia de los mullahs inmediatamente puso de manifiesto su naturaleza reaccionaria, pero la mayoría de los izquierdistas, felices por el derrocamiento del Shah, no hicieron caso de la advertencia. Los pueblos del Oriente Medio aún están cosechando los amargos frutos de este error.

En 1918, V.I. Lenin dijo: “La experiencia de todo movimiento de liberación ha demostrado que el éxito de una revolución depende del grado de participación de la mujer.” Cuando la Izquierda de todo el mundo reconozca este hecho y haga de la emancipación y del liderazgo femeninos una parte central de su visión, será capaz de ofrecer una alternativa real a las falsas promesas de la derecha religiosa.

Share with your friends










Submit