La falsa pero mortal guerra contra las drogas: El analista Sanho Tree comenta acerca de los altos costos de una estrategia frustrada

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El historiador Sanho Tree es director del Proyecto de Políticas de Drogas, cuya misión es poner fin a la “guerra contra las drogas” a niveles nacional e internacional, en el Instituto de Estudios de Políticas (Institute for Policy Studies) en Washington, D.C. Tree es coautor del libro La decisión de utilizar la bomba atómica y la arquitectura de un mito americano. Él ayudó al artista Harry Belafonte a redactar sus memorias y ha trabajado como editor asociado del CovertAction Quarterly. Sus viajes incluyen varias misiones de indagación a Colombia.

Andrea Bauer, la redactora gerente del Freedom Socialist, entrevistó a Tree en junio en Seattle, adonde fue invitado a dar una conferencia por el Seattle Colombia Committee.

Bauer: ¿Qué es lo que impulsa el tráfico de drogas?

Tree: Tres problemas fundamentales. El primero es la pobreza extrema y asfixiante. Según las Naciones Unidas, 1,200 millones de gente en el mundo viven con dos dólares diarios y ese nivel de pobreza suele existir en áreas donde las drogas se pueden cultivar muy fácilmente.

El segundo problema es la demanda en países como los Estados Unidos, con la divisa fuerte para respaldarla.

El tercer problema es el aumento artificial del valor de estas malas hierbas que en esencia no tienen ningún valor. Onza por onza, la marihuana del Noroeste vale su peso en oro; la cocaína y la heroína valen muchas veces su peso en oro. Esto es debido, en una economía de prohibiciones, a que el incremento en la aplicación de la ley simple y sencillamente hace que suban las ganancias.

No quiero decir que los cultivadores de coca de Colombia estén derivando ganancias de esto; todo lo contrario, ellos cuentan apenas con niveles de vida de subsistencia. Pero hay muchos traficantes e intermediarios que se aprovechan de la desesperación de la gente que no tiene muchas opciones.

Bauer: Dado que los EE.UU. tienen una estrategia tal de castigar a los usuarios de drogas, ¿que le pasa a la gente que es capturada?

Tree: Encerramos alrededor de dos millones de personas en este país, la cual es una cifra asombrosa. Hay solamente ocho millones de prisioneros en todo el mundo así que los Estados Unidos, con una 27ava. parte de la población mundial, tiene la cuarta parte de todos los prisioneros del mundo.

Nosotros manejamos el sistema penal más grande del planeta. Y encarcelamos a más delincuentes de drogas no violentos que la totalidad de los delincuentes que encarcela toda la Unión Europea.

Esta explosión demográfica de las prisiones está perjudicando muchas economías estatales. Muchos estados, incluyendo a California y Nueva York, gastan ahora más dinero en prisiones que en educación pública superior. Y hay más hombres afroamericanos jóvenes en la cárcel que en las universidades públicas.

Sin embargo, no financiamos tratamientos universales cuando son solicitados. Los adictos que quieren dejar las drogas son rechazados y se les dice que regresen cuatro o cinco o seis meses después y que tal vez haya entonces un espacio para tratamiento disponible.

Bauer: ¿Cuál ha sido el modelo de cambio en las últimas dos décadas?

Tree: Desde la histeria de la cocaína (crack) de mediados de los años 80, el Congreso ha respondido con una multitud de nuevas leyes y sentencias mínimas obligatorias. Ésa ha sido una de las cuestiones más trágicas que ha tenido lugar en el sistema de justicia criminal.

La mayor parte de la gente que sufre las consecuencias de la guerra contra las drogas son los pobres y la gente de color, a pesar de que las cuotas de uso de drogas, incluyendo a todos los grupos raciales, son aproximadamente las mismas per cápita. Pero cuando consideramos las prisiones, ése no es el caso en absoluto.

A los fiscales no les gusta enjuiciar a muchachos que tienen padres ricos y buenos abogados sino que están encerrando a los peces pequeños: al vendedor de drogas de mínimo nivel e inclusive a su novia, quien, con mucha frecuencia, nunca ha visto las drogas pero sabe acerca de la “conspiración.” Esto no resuelve absolutamente nada.

Bauer: ¿Cuál es el propósito que persiguen estas leyes contra las drogas?

Tree: Casi ningún propósito en cuanto a seguridad o salud públicas; se trata principalmente de control social.

Las primeras leyes contra las drogas de este país se establecieron en San Francisco hace aproximadamente 100 años, principalmente contra los inmigrantes chinos. Se terminaron las vías de ferrocarriles, había recesión y los chinos competían con los blancos por los empleos. La acusación era que los “chinos fumadores de opio” estaban atrayendo a las mujeres blancas a sus guaridas de opio.

Eso probablemente fue totalmente inventado. Pero la ironía es que la abrumadora mayoría de los adictos al opio en esa época no eran inmigrantes chinos sino mujeres blancas que estaban tomando drogas en sus tónicos para los nervios, jarabes para la tos y remedios que compraban sin receta — los cuales con frecuencia tenían muy poca medicina y mucho opio, morfina o heroína. Dadas las limitaciones sociales de las mujeres, muchas de ellas básicamente se anestesiaban.

En muchos casos, las leyes contra las drogas han servido para controlar a la población. La cantidad de encarcelamientos en los EE.UU. permaneció muy constante durante la mayor parte del siglo XX — hasta aproximadamente la época de la era de los derechos civiles y del Decreto del Derecho al Sufragio (Voting Rights Act). Es entonces que el número de encarcelamientos comenzó a aumentar. Hacia la década de los 80, dicho número se elevó como una luz de Bengala.

Algunas personas han sugerido que esto se debió a que ya no se podía controlar a la gente de color, sobre todo a los afroamericanos. Cuando los escuadrones de la muerte, o sea el Ku Klux Klan, ya no controlaban una tercera parte del país, y cuando ya no se podían tener leyes de Jim Crow (la segregación racial) en los libros, se tuvieron que inventar nuevas leyes para controlar a la gente. Principalmente, las leyes contra las drogas.

Bauer: Habiéndose establecido el Plan Colombia, ¿cuál es el efecto de la guerra contra las drogas de los Estados Unidos en Colombia?

Tree: Es devastador. Estamos provocando una catástrofe ambiental y de derechos humanos en Colombia. El programa aéreo está rociando una amplia gama de herbicidas sobre una extensa área del Amazonas, destruyendo uno de los lugares biológicamente más diversos de la Tierra. Y los químicos están envenenando animales y ganado, y dañando e inclusive matando gente.

Y como el blanco son áreas rebeldes en su mayoría, estamos haciendo a los rebeldes nuestro objetivo también — a pesar de que los EE.UU. se ha esforzado mucho por decir que, “No, no estamos involucrados en la contrainsurgencia. Ésta es una lucha contra los narcóticos.” Ésa ha sido una muy mala excusa durante mucho tiempo de lo que estamos haciendo ahí.

Bauer: ¿Ha observado Ud. un amplio apoyo para la legalización de las drogas?

Tree: Definitivamente, a nivel popular, entre la gente de comunidades como el movimiento ambiental, el movimiento de los derechos de los indígenas y los movimientos de solidaridad. A ellos les interesan asuntos como el de Colombia y, por lo tanto, hay un mar de fondo; la gente está diciendo que ya está harta de la guerra contra las drogas.

Bauer: ¿Entonces cuáles piensa que son las alternativas a tratar el problema de las drogas como un problema de la justicia criminal?

Tree: En primer lugar, se debería considerar como una cuestión de salud pública y no de justicia criminal. Pues si se trata como una cuestión de justicia criminal, la única pregunta con la que nos enfrentamos es, “¿Qué grado de coerción es necesario para hacer que desaparezca este problema?” Nunca hemos encontrado dicho grado y dudo que lo encontremos alguna día.

Y yo, con certeza, no querría vivir en el tipo de sociedad que haya encontrado dicho grado de coerción — pues aún países como Irán, que aplica la pena de muerte de manera muy liberal en los casos de crímenes de drogas, aún tiene dos millones de adictos.

En este país, muchas personas se quedarían sin casa si no recibieran uno o dos cheques de su salario. Donde la gente no tiene esperanza, ni razón de desear la llegada del mañana; donde no tienen una buena educación debido a sistemas escolares que han fracasado; donde la gente no cuenta con empleos ni con entrenamiento profesional; entonces es muy comprensible que hagan uso de lo que pueden encontrar para automedicarse, para aminorar ese dolor, para anestesiarse, para olvidarse de sus problemas y caminar por un mundo de sueños.

Con frecuencia los narcóticos son consumidos por gente cuya mejor época ya ha pasado. Necesitamos una sociedad que haga del futuro la mejor época de las personas — y eso es lo mejor que se puede hacer acerca de las drogas.

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