La guerra sigilosa

Los hospitales Católicos contra la salud reproductiva

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En las instalaciones médicas católicas se está librando un asalto silencioso a la salud de las mujeres. Puede ser tan obvio como el personal que dice que “no hacemos abortos electivos” o tan insidioso como no proporcionar evaluaciones médicas completas y precisas, ni opciones de tratamiento a los futuros padres

FOTO: gaelx / Flickr

La defensora de los derechos reproductivos Mary Kay Barbieri expresó a Aljazeera.com que hay “casos documentados” de mujeres que sufren abortos involuntarios que “han regresado a la sala de emergencias [en los hospitales católicos] varias veces y se les ha aconsejado que vayan a casa y esperen”. Además, a las mujeres “ no se les informa que su embarazo no es viable y no se les advierte que podrían enfermarse gravemente si continúan con el embarazo “.

Estas mujeres necesitaban interrumpir sus embarazos inmediatamente para prevenir infecciones mortales. En un hospital secular, esto habría sido una opción, pero los hospitales católicos están sujetos a directivas religiosas que tienen prioridad sobre las necesidades de las pacientes.

La expansión católica en el campo de la medicina es solo una parte de un ataque mayor a los derechos de las mujeres. En los primeros cinco meses de 2019, se han promulgado 27 prohibiciones de aborto en 12 estados, las cuales incluyen leyes que prohíben los abortos tan pronto como a las seis semanas después de la gestación.

Dichas leyes están provocando que el acceso a una salud reproductiva de calidad y asequible sea más deficiente que en cualquier otro momento de los últimos 50 años.

Una apropiación silenciosa. En las últimas décadas, los hospitales católicos se han convertido en un importante proveedor de atención médica en los Estados Unidos, los cuales a menudo se afilian con otros hospitales.

Desde la Gran Recesión de 2008, una economía pobre, junto con los costos en aumento de seguros y productos farmacéuticos, ha creado una crisis que amenaza con cerrar hospitales menos rentables. En particular, los hospitales rurales pequeños han estado buscando socios para mantener sus puertas abiertas.

¡Así hace su aparición la Iglesia católica!

En los Estados Unidos hay al menos 630 hospitales católicos o con afiliación católica, y representan el 15 por ciento de todas las camas de hospitales. Cuatro de los siete principales sistemas de hospitales privados de los Estados Unidos son católicos. Se estima que un tercio de los hospitales católicos se encuentran en áreas rurales y uno de cada seis pacientes de EE. UU. recibe tratamiento en un centro católico.

Es posible que los pacientes ni siquiera sepan que han elegido un hospital religioso. Hasta uno de cada cinco hospitales de afiliación católica no revela claramente esta información en su sitio web.

Los obispos deciden. Las Directivas Éticas y Religiosas (ERD, por sus siglas en inglés) de la Iglesia, una creación de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, prohíben el aborto, la fertilización in vitro, la anticoncepción y la ligadura de trompas. Las ERDs otorgan a los obispos locales el juicio final de si permiten esos servicios, incluso en caso de emergencias.

La Dra. Cristina Lete, obstetra / ginecóloga, fue sincera sobre sus experiencias con los protocolos católicos en el sureste de Michigan entre 1996 y 2007. A pesar de trabajar en una clínica privada, Lete necesitaba acceso a un hospital para cirugías y la mayoría de los principales hospitales de la zona eran católicos. Los médicos debían firmar contratos para seguir las reglas católicas al usar las instalaciones. Tenían que acatar las restricciones o programar cirugías en otros hospitales.

Un obstáculo con el que Lete se topó fue la necesidad de obtener permiso para realizar ligaduras de trompas (esterilizaciones) después de que las mujeres tenían cesáreas, el mejor y más seguro momento para realizar este procedimiento.

En una instalación, si una mujer deseaba ser esterilizada después de una cesárea, la Dra. Lete tenía que llamar a un consultor a mitad de la cirugía para que “verificara” que las paredes uterinas de la mujer eran demasiado delgadas para permitir otro embarazo, una adición falsa a la historia clínica de la mujer, aunque se hacía con la aprobación del paciente.

En otro hospital, Lete tenía que solicitar por escrito al jefe de su departamento el permiso para realizar la cirugía. Si una paciente había dado a luz antes de recibir la aprobación, no había esterilización. Esta pequeña ventana de oportunidad se cerró en 2001, cuando se informó a los médicos de la instalación que ya no habría autorización ninguna para ligaduras de trompas.

Los obispos católicos han sido una fuerza propulsora de las “cláusulas de conciencia” que permiten a los médicos, enfermeras y farmacéuticos negarse a ofrecer servicios que entren en conflicto con sus creencias personales. Lete describió las implicaciones del mundo real: las cirugías se programan en torno a los prejuicios de los miembros del personal, no a las necesidades de sus pacientes.

En mayo de 2019, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Trump propuso anular la sección de la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio que prohíbe la “discriminación basada en el sexo”. Muchos grupos médicos, queer y feministas se han manifestado en contra de este cambio. Sin embargo, los obispos de EE. UU. aplaudieron la propuesta y afirmaron que “ayudaría a restablecer los derechos de los proveedores de atención médica, así como a los aseguradores y empleadores, que se niegan a realizar o cubrir los abortos o los procedimientos de” transición de género “.”

Adoptar una postura. No es sorprendente que muchas personas no acepten el control de la Iglesia sobre las decisiones más trascendentales de sus vidas. Una afiliación que habría fortalecido los lazos entre el Centro Médico San Francisco de la Universidad de California y Dignity Health, administrado por católicos, se derrumbó en mayo luego de una reacción de los estudiantes, el personal, los profesores y la comunidad.

Los manifestantes objetaron que la afiliación ponía a la universidad en la posición de aceptar un modelo de medicina discriminatorio. Citaron dos demandas contra Dignity Health: Evan Minton, un hombre transgénero, presentó una demanda por negársele una histerectomía como parte de su transición; Rebecca Chamorro llevó abogados después de que se le negó una ligadura de trompas. La combinación de presión pública y mala publicidad funcionó. El intento de afiliación cesó.

La derecha religiosa quiere controlar la vida de las mujeres y hacer cumplir la conformidad de género. Las feministas deben contrarrestar todo ataque con una defensa militante de base de la justicia reproductiva y los derechos de las personas transgénero.

Como dice el canto, “¡No a la Iglesia, no al Estado! ¡Las mujeres decidirán su destino!

 

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