La persistente plaga del anti-semitismo: de dónde proviene y cómo pararla

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Hoy día, la imagen de Mel Gibson borracho es el rostro del anti-semitismo. Después de su rotunda negación de que La pasión de Cristo, su obra de amor cinematográfica, estuvo influida por el anti-semitismo, su disparate en el sentido de que los “judíos provocan todas las guerras del mundo” creó una fuerte reacción.

Pero la notoriedad de Mel Gibson desaparecerá. Las ideas malignas acerca de los judíos que expresó, desgraciadamente, no son tan fáciles de erradicar.

El anti-semitismo se origina en un profundo pozo histórico — y sigue teniendo un propósito en nuestra era para aquéllos que ostentan el poder, para quienes los judíos siguen siendo unos convenientes chivos expiatorios de los problemas sociales y económicos, de la misma forma que se usan el racismo y el sexismo. Otra desventaja es el papel que desempeña Israel en el Oriente Medio: debido a la confusión o a la malicia, muchos críticos de Israel identifican equivocadamente al pueblo judío con las políticas y las acciones de este estado opresivo.

El comprender la historia de la persecución de los judíos es el primer paso para recuperar lo que se ha perdido en el clamor anti-semítico y los bombardeos por parte de Israel — el reconocimiento de la tradición radical y humanista judía que sigue informando el activismo de tantos judíos de hoy.

Los judíos: 60 segundos de historia económica. Desde los tiempos antiguos hasta la Edad Media, los judíos eran los comerciantes y los prestamistas, los cuales tenían una función especial en ese mundo agrícola. Con base en su función económica, desarrollaron una identidad particular como “pueblo-clase”. (Este término fue concebido por Abram León, joven líder judío y trotskista de Polonia que en 1940 escribió una brillante obra llamada La cuestión judía: una interpretación marxista y que fue asesinado dos años después en Auschwitz.)

Desde un principio los judíos eran despreciados extremadamente por su función social. Pero la persecución aumentó seriamente y sistemáticamente a finales de la Edad Media, cuando las economías europeas comenzaron a inclinarse hacia la producción de bienes rentables para el comercio.

A medida que surgía el nuevo sistema de bienes que dependía de créditos fácilmente disponibles, las antiguas ocupaciones judías de prestamistas y comerciantes se volvieron “respetables”. Los cristianos competían con los judíos y los desplazaban, convirtiéndolos en personas prescindibles en un mundo en el que ya no tenían cabida. Uno de los ejemplos más brutales de esto fue la fundación de la Inquisición española y la expulsión forzosa de los judíos y musulmanes de España en 1492.

Dado que el capitalismo incipiente requería de nuevas fuentes de riqueza, no fue una coincidencia que en ese mismo año la reina Isabel y el rey Fernando también apoyaran el viaje de Colón en busca de nuevas rutas comerciales y de oro.

Los conquistadores y los emisarios de la Iglesia católica que siguieron a Colón a través del océano llevaron su sistema de lucro privado y su desprecio por los judíos, a quienes se satanizó como “asesinos de Cristo”. Se prohibió que viajaran a América los judíos, inclusive los conversos, o sea los que se habían convertido al catolicismo. Los judíos que se las arreglaron para emigrar sufrieron en el “Nuevo Mundo” los mismos abusos que habían sufrido en el Viejo Mundo. Los invasores aplicaron los métodos de la Inquisición — la tortura, la conversión forzosa — tanto a la población indígena como a los judíos emigrados.

Esto es lo que Carlos Marx llamó incisivamente la “alborada rosa” de la producción capitalista.

Usos modernos del anti-semitismo. En 1905, Rusia aún era gobernada por una autocracia feudal, pero existía un masivo descontento popular. A causa de la necesidad de disminuir los resentimientos, las fuerzas zaristas publicaron Los protocolos de los ancianos de Zion.

Este grotesco libro se supone que contiene las minutas de una reunión secreta de líderes judíos para organizar un complot para apoderarse de todo el mundo. En Los protocolos, el odio contra los judíos se combina con Saturday Night Live (programa de televisión) con absurdas descripciones de los judíos como asesinos de niños cristianos, cuya sangre utilizaban para hacer galletas. El libro describe a los judíos hambrientos de poder como los ingenieros tanto del capitalismo y de los “perjuicios” de la revolución comunista. (Oy vey, somos responsables tanto de la flama como del agua.) Muy pronto se descubrió que Los protocolos eran falsos pero su influencia fue enorme.

El fabricante de autos Henry Ford, que atacó a judíos y comunistas en su periódico Dearborn Independent, republicó Los protocolos en 1920. Durante la Segunda Guerra Mundial, Hitler utilizó el contenido negativo del libro para justificar sus políticas de exterminación de los judíos.

Un documental reciente acerca de Los protocolos demostró su continua influencia por sus grandes ventas en Wal-Mart y como una “obra de referencia” erróneamente citada por algunos defensores de Palestina y por jóvenes radicales africano-americanos. …stos son jóvenes que se interesan con pasión por los problemas del mundo que habitan. Su educación política es distorsionada, por decirlo benignamente, por el mito de que los judíos son la causa de sus problemas. La pequeña minoría de judíos millonarios, los dueños de los medios tal como Rupert Murdoch y los políticos influyentes actúan como capitalistas típicos, no como representantes del pueblo judío, el cual forma parte mayoritariamente de la clase trabajadora.

Mientras tanto, parece que se está incrementando el número de actos de vandalismo y violencia contra los judíos. Los grupos de derechos humanos han reportado casos de destrucción de sinagogas y cementerios en todo el mundo, aumenta la proliferación de sitios de la Red abiertamente anti-semitas y fascistas, y los neo-nazis persisten en sus intentos de manifestarse en público — aunque, afortunadamente, con frecuencia sus contrincantes son más numerosos.

Israel, estado-guarnición de los EEUU. Durante el Holocausto, los nazis alemanes asesinaron a más de la mitad de los judíos del mundo. A los aterrorizados sobrevivientes de este horror se les negó el refugio en los EEUU y en otras partes y fueron enviados al Oriente Medio. Ahí, un pueblo perseguido en busca de un santuario fue el material humano para el primer estado judío.

Pero los líderes de esta nueva entidad la crearon por medio de la expulsión violenta de los palestinos de su hogar donde habían vivido por generaciones — situación que pudo ser posible sólo con la aprobación de las principales naciones capitalistas de Occidente. Por otra parte, a lo largo de varias décadas, los líderes de Israel han seguido usando la violencia y el genocidio para echar a los palestinos, para apoderarse de sus casas o para destruirlas, y para asentarse en sus tierras.

Israel opera con impunidad, armado hasta los dientes por los EEUU, usando billones de dólares de los contribuyentes para proporcionarle ayuda (75 por ciento de esos fondos deben ser gastados en corporaciones de EEUU). Esto ha dado lugar a la concepción errónea de que Israel domina esa relación.

Pero la verdad es precisamente lo contrario. Israel sobrevive sólo porque su existencia facilita la dominación de EEUU en el Oriente Medio, que es rico en petróleo. Se le está pagando por los servicios que presta — el “servicio” de frustrar la rebelión árabe contra el imperialismo de EEUU. El antiguo comandante de la OTAN, Alexander Haig, afirmó que Israel es “el portaaviones americano más grande del mundo”.

Es un peligroso error el identificar a Israel como el más poderoso país del mundo que jala las cuerdas de los títeres del Congreso de EEUU, de Bush, Cheney, Halliburton, IBM, AT&T, GM y Exxon. Pero inclusive muchos izquierdistas cometen el error de pensar que es la cola la que mueve al perro. Escritores bien informados como Alexander Cockburn y James Petras escriben acerca del poder del grupo de presión israelí para controlar y “socavar” la política exterior de EEUU — ¡como si sin dicho grupo el programa internacional del Tío Sam fuera si quiera un poco más democrático o progresista!

No existe ningún “interés nacional de EEUU” que sea afectado por el grupo de presión israelí. Sólo existen los intereses en competencia de los trabajadores y los patrones. A los trabajadores los afecta la guerra, la censura y el incremento en los precios del petróleo, pero las clases gobernantes se benefician inmensamente.

La función maléfica de Israel en el Medio Oriente también hace posible otra grave confusión: la equiparación del estado zionista con el pueblo judío, la cual hace posible dos perspectivas distorsionadas. La primera es el nacimiento del anti-semitismo bajo la bandera anti-zionista (la carta magna de Hamas, para citar sólo un ejemplo, menciona Los protocolos). El corolario es la defensa del estado israelí mediante la acusación de que cualquier crítica del mismo se considera anti-semitismo.

Pero el zionismo no es el judaísmo. Es el nacionalismo israelí, ideología racista y xenofóbica que afirma que sólo los judíos tienen el derecho de vivir en Israel. No representa la opinión de todos los judíos ni de todos los israelitas — al igual que el fascismo no fue la creación de los trabajadores alemanes ni italianos, y que las políticas de derecha del presidente Bush no son la creación de la clase trabajadora de EEUU. Todas estas ideologías nacionalistas son un reflejo de la desesperación de la clase capitalista que lucha por sobrevivir.

Israel, al igual que cualquier otro estado capitalista, incluyendo a sus vecinos árabes, es una sociedad dividida en clases. Se discrimina a los judíos de piel obscura, a las mujeres, a los gays y a los árabes. Identificar a los líderes zionistas con el pueblo judío es fomentar la mentalidad de “divide y vencerás”, la cual ha provocado que se enfrente trágicamente la gente trabajadora de Israel con la gente trabajadora palestina y árabe. Los príncipes, los emires, los reyes y los primeros ministros del Oriente Medio tienen autorización para seguir oprimiendo a sus propios pueblos a la vez que se acusan entre sí para disimular.

¿Y qué significa todo esto para los judíos de Israel? Significa que Israel no es un refugio para los judíos sino una trampa mortal, según lo predijo el revolucionario judío ruso, León Trotsky. El estado zionista no podrá sobrevivir eternamente a la justificada hostilidad de las poblaciones árabes circundantes — y la clase gobernante de EEUU seguirá manteniendo a Israel a flote sólo mientras satisfaga sus intereses.

Cómo encontrar la puerta de salida. La salida a este callejón sin salida es que la gente trabajadora de todos los países involucrados comprendan que tanto el zionismo como el anti-semitismo son herramientas del capitalismo, las cuales son utilizadas para deslindar la responsabilidad de los amos de la guerra de EEUU y para lograr que los judíos, los árabes y el pueblo de EEUU se identifique con “sus” gobiernos y no con sus necesidades de clase trabajadora y con sus hermanas y hermanos más allá de las fronteras.

Históricamente, los judíos han jugado un papel importante en la lucha contra los gobiernos y sistemas opresivos. Generaciones de izquierdistas judíos como Marx, Trotsky, Abram León, Rosa Luxemburg, Emma Goldman y el descendiente de conversos, Diego Rivera, se han organizado contra la tiranía, y con frecuencia han perdido la vida. Había muchos judíos entre los bolcheviques de Rusia, otros se unieron a la resistencia contra el nazismo en Europa, otros escaparon de los campos de concentración, otros ayudaron a fundar los movimientos laboral y comunista de EEUU, y otros han sido importantes actores en las luchas por los derechos civiles y por la liberación de la mujer.

Esto es natural y lógico pues los judíos son un pueblo oprimido. Los socialistas y los progresistas deben utilizar dicho legado y dedicarse a unir a todos los trabajadores del mundo, de todos los orígenes, para luchar juntos contra el capitalismo y contra cada una de sus técnicas de “divide y vencerás”.

La feminista judía, educadora socialista y nativa de Nueva York, Adrienne Weller, se mudó a la costa oeste con una gran experiencia en la organización contra los neo-nazis de Portland, Oregon y de Seattle.

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