La solidaridad entre los obreros inmigrantes y africano-americanos: una cuestión de clase

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Cuando miles de inmigrantes hispanos marchaban en Seattle el Día del Trabajo, un espectador negro levantó los brazos y expresó su felicidad. Su entusiasmo es un reflejo del instinto de solidaridad que sienten muchos africano-americanos con este nuevo movimiento por los derechos civiles.

En la década de 1960, los negros se enfrentaron con el racismo con un movimiento masivo. Por medio de logros tales como la acción afirmativa y los programas contra la pobreza, derribaron barreras no sólo para ellos mismos sino para muchos otros también. El resultado fue una clase obrera menos dividida y más capaz de enfrentarse a los patrones; un indicio es que cuenta con miembros en los sindicatos del sector público y su número aumentó cuatro millones durante dos décadas.

El movimiento por los derechos de los inmigrantes de hoy ofrece una oportunidad similar para los obreros y, en esta lucha, los africano-americanos y los inmigrantes son aliados naturales. Su experiencia en la lucha contra la injusticia los hace unos de los mejores combatientes con la mayor consciencia de clase. Cuando se unen, hacen tambalear el status quo: un excelente ejemplo es la reciente huelga del transporte público en Nueva York.

Sin embargo, aunque los inmigrantes y los africano-americanos con frecuencia colaboran y luchan juntos, no están unidos en alianzas conscientes y duraderas. Las corporaciones de EEUU quieren que continúe esa situación.

Los patrones juegan a culpar a otros. La prensa, los políticos y los ejecutivos son expertos en manipular la opinión pública y por eso trabajan horas extras para convencer al pueblo de que los negros y los inmigrantes son enemigos y una amenaza mutua a su supervivencia.

CBS, por ejemplo, exageró las noticias acerca de la “Brigada Crispus Attucks”, un grupo de africano-americanos conservadores que se unieron al racista Proyecto de los Milicianos (Minuteman Project) para patrullar las fronteras de EEUU. La brigada no cuenta con una base de apoyo entre los africano-americanos, y manifestantes negros se enfrentaron a los Milicianos cuando éstos intentaron marchar en la comunidad negra de Los Ángeles.

Sin embargo, no hay duda de que la campaña para usar a los inmigrantes como chivos expiatorios está influyendo a muchos trabajadores, incluyendo a los africano-americanos. Además, los patrones siguen creando conflictos deliberadamente entre los trabajadores de distintas razas y orígenes nacionales, fomentado así el antagonismo por medio de la creación de una fiera competencia por los empleos.

Por ejemplo, en la próspera industria de la construcción de Seattle, a los trabajadores indocumentados altamente capacitados se les paga salarios bajos para que construyan condominios de lujo para los millonarios. Al mismo tiempo, los africano-americanos están manifestándose con piquetes debido a su exclusión del mercado laboral.

La pérdida de empleos sindicales con salarios de supervivencia ha sido dramática en los años recientes, y los africano-americanos han sido los más afectados. Pero lo que debe reconocer todo trabajador de los EEUU es que los inmigrantes no tienen la culpa.

La culpa la tienen realmente los capitalistas, quienes están librando una batalla para reducir el nivel de vida, las condiciones de trabajo y las expectativas de todos los trabajadores en todas partes. La técnica de “divide y vencerás” es una de las más efectivas y oponerse a ella es una cuestión de supervivencia para toda la clase obrera.

El líder lógico de esta lucha serían los sindicatos pero los burócratas laborales con sus elegantes trajes están resultando ser completamente incapaces de ejercer el liderazgo.

Los funcionarios nos guían por el camino equivocado. Los funcionarios laborales siempre han estado en la retaguardia en lo que concierne a los trabajadores más explotados y maltratados de EEUU. Debido a las acciones de sus cúpulas dirigentes, el movimiento sindical ha tenido una desgraciada historia de exclusión de los negros y de hostilidad hacia los inmigrantes.

Hoy día, la federación laboral AFL-CIO por fin está comenzando a pretender que le preocupan los derechos de los trabajadores indocumentados. Pero sus líderes, quienes deberían haber saturado las manifestaciones del Día del Trabajo con tarjetas sindicales, ni siquiera motivaron a sus bases para que participaran.

El AFL-CIO también se debería estar organizando junto con los grupos inmigrantes contra la legislación para programas de “trabajadores invitados”, los cuales pondrían a los trabajadores extranjeros completamente a merced de los patrones. Se están fomentando esos programas para las industrias del empaque de carne, de la construcción y demás industrias con altos porcentajes de negros y de trabajadores inmigrantes. Dichos programas reducirían los salarios y destruirían los sindicatos de estas industrias.

Por el contrario, el AFL-CIO está encomendando el futuro del movimiento laboral en manos de los políticos del Partido Demócrata, quienes apoyan la creación de los programas de trabajadores invitados así como la militarización de la frontera.

La postura de la federación Cambiar para Ganar (Change to Win) es aún peor. Su mayor afiliado, el Sindicato Internacional de Empleados de Servicio (Service Employees International Union, o SEIU), cuenta con una gran cantidad de miembros inmigrantes, quienes se manifestaron en grandes números el Día del Trabajo. Pero los líderes del SEIU apoyan el proyecto de ley Hagel-Martinez en el senado de EEUU, el cual podría instituir programas de trabajadores invitados, agregar 1,300 kilómetros a la barrera fronteriza, y sumergir aún más a los trabajadores indocumentados en el mercado laboral clandestino.

Unidos nos levantaremos. En Los Ángeles, el plantón y la marcha masivos de gente de muchos colores el 1º de mayo exigía la amnistía incondicional y derechos laborales y civiles integrales para los trabajadores indocumentados. Para ayudar a promover la marcha, el Partido de Libertad Socialista y las Mujeres Radicales intentaron, sobre todo, que se involucraran los sindicatos y la comunidad negra. Entre los dos millones de manifestantes se encontraban muchos africano-americanos y sindicatos importantes tales como la Asociación de Enfermeros de California (California Nurses Association), la cual cuenta con un gran número de inmigrantes filipinos.

Este evento fue un gran contraste con la otra marcha del Día del Trabajo en esa ciudad, la cual fue organizada por la Federación del Trabajo del Condado de Los Ángeles (LA County Federation of Labor), la Iglesia católica, las ONGs de derechos de los inmigrantes y los líderes latinos del Partido Demócrata. Realizada después de horas laborales, hizo un llamado por la “legalización”, término vago y frecuentemente asociado con los programas de trabajadores invitados.

En la ciudad de Nueva York, los activistas africano-americanos de los movimientos anti-guerra y de la Marcha de un Millón de Trabajadores (Million Workers March) y el Concilio Nacional de los Negros (Black National Caucus) de los Teamsters desempeñaron una importante función en su militante marcha del Día del Trabajo en su ciudad.

Los activistas que buscan alianzas como aquéllos de Nueva York y Los Ángeles son conscientes de que los trabajadores extranjeros y negros están navegando en mares huracanados en el mismo barco a punto de naufragar. Y los efectos de la tormenta — la disminución de los salarios, la pérdida de empleos, el aumento en el costo del cuidado médico — están afectando a todos los trabajadores del país, sean del color o cultura que sean.

Parece que el meollo del asunto es el siguiente: la cuestión no es si el movimiento laboral, dada su actual cúpula dirigente, dará los pasos necesarios para salvar a los trabajadores inmigrantes y negros. La cuestión es si los trabajadores inmigrantes y negros salvarán al movimiento laboral. Una alianza multiracial dirigida por estos dos grupos tendría el poder de poner en marcha, una vez más, al movimiento laboral para que pueda pelear.

La activista africano-americana Beverly Wright-Alley es una antigua Pantera Negra y actualmente es miembro de las Mujeres Radicales de Seattle. Linda Averill es miembro del Sindicato de Transporte Amalgamado (Amalgamated Transit Union) y de los Trabajadores Organizados para la Solidaridad Laboral, un concilio formado por varios sindicatos.

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