Las bases se rebelan en la huelga de carpinteros del oeste de Washington

El 21 de septiembre de 2021, carpinteros hacen piquetes en un sitio de empleos en el centro de Seattle. FOTO: Joel Vancil
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En las oscuras horas de una mañana de mediados de septiembre de 2021, carpinteros sindicalizados comenzaron a hacer piquetes en las obras de construcción en toda el área occidental del estado de Washington, incluyendo una de las operaciones más grandes del país en el campus de Microsoft en Redmond. Estos trabajadores cualificados se unieron a un auge épico de actividad huelguística que continúa arrasando en los Estados Unidos.

Esta batalla duraría tres semanas. Los huelguistas no obtuvieron tanto como esperaban, pero en el camino los miembros de base se organizaron y rechazaron el estricto control y las limitaciones impuestas por la dirección del sindicato.

Una rebelión justa. La energía en las filas de piquetes reveló la profunda frustración de los carpinteros por su salario y sus beneficios, los cuales se habían visto seriamente afectados durante las negociaciones previas con los Contratistas Generales Asociados (AGC, por sus siglas en inglés). Sus salarios y beneficios se encontraban significativamente por debajo de los de otros trabajadores en la construcción. Los carpinteros no recibían compensación por gastos como estacionamiento, el cual puede costar cientos de dólares al mes. La mayoría no podía permitirse vivir en las ciudades que estaban construyendo.

Antes de que comenzara la huelga, los miembros del sindicato ya habían votado en contra de cuatro ofertas contractuales por parte de la AGC. En todos los casos, el liderazgo del Sindicato de Carpinteros del Noroeste (NWCU, por sus siglas en inglés) hizo presión para que se votara por el “sí”. Sin embargo, un aguerrido grupo de activistas sindicales había aumentado las expectativas de los miembros y les había enseñado por qué debían y cómo podían resistir mejor. Estos militantes se organizaron a través de un grupo de Facebook al que denominaron Grupo Peter J. McGuire, nombre del cofundador socialista de su sindicato.

No es que AGC no pudiera permitirse pagar más. Ya lo estaban haciendo con otros oficios. Estos trabajadores y los carpinteros trabajan para corporaciones con bolsillos profundos como Microsoft, Amazon, Facebook y Google.

Tratando de mantener el control. Desde el inicio, la dirección del Sindicato de Carpinteros del Noroeste puso los frenos con fuerza y estaba claro que no querían una huelga y no querían que esta huelga, que les fue impuesta, se les fuera de las manos.

Antes de realizar este paro laboral, el NWCU ya había firmado Acuerdos Laborales para Proyectos (PLA, por sus siglas en inglés) y otros acuerdos con ACG que prohibían legalmente las huelgas en el 83% de los proyectos de construcción.

Inicialmente, el sindicato solo organizó piquetes en algunos sitios cada día pero solo alrededor de una cuarta parte de los lugares que podían ser objeto de piquetes legales fueron usados. Entonces se llegó a un acuerdo con el Consejo de Sindicatos de Obras de Construcción para establecer piquetes solo tres días a la semana, lo que permitiría que otros trabajadores siguieran trabajando. Es obvio que los líderes de los carpinteros no tenían ningún plan para clausurar los proyectos y forzar a los contratistas a hacer concesiones.

En las filas, los cánticos eran fuertes y los miembros estaban motivados. Sin embargo, los capitanes de los piquetes tenían sus órdenes de marcha. Cuando los trabajadores y otros simpatizantes, incluidos los miembros del Partido de Libertad Socialista, llegaron para marchar solidariamente, se impusieron limitaciones. Annaliza Torres, empleada pública sindicalizada y miembro de los Trabajadores Organizados por la Solidaridad Laboral, describió su experiencia: “Los carpinteros agradecieron el apoyo, pero aquellos que estaban a cargo se oponían vehementemente a que cualquier persona que no fuera carpintero sindicalizado se uniera al piquete”.

Mucha ansiedad. No pasó mucho tiempo para que muchos activistas sindicales se quitaran la camisa de fuerza impuesta por los dirigentes. Los carpinteros del sitio de Microsoft hicieron caso omiso de sus líderes y organizaron piquetes diarios. El personal del sindicato se llevó los carteles oficiales de los piquetes y declaró que no autorizaba dicha acción, pero los miembros aparecieron con sus propios carteles dibujados a mano y mantuvieron la fila.

Joe Sosa, un libertario y ex delegado de base de Microsoft Redmond, explicó por qué él y otros organizaron estas acciones. “El Consejo [NWCU] estaba mermando la huelga y desmoralizando a las bases en general. Lo mejor para las bases era continuar con los piquetes “. Tal acción irreprimible de los miembros obligó a los líderes a hacer piquetes en el sitio de Redmond cinco días a la semana y duplicar el número de otros sitios de trabajo cada día.

Mientras tanto, los miembros usaban las palancas oficiales a su disposición para presionar al sindicato para que se tomara en serio la situación. Un año antes habían formado un Comité de Contratos Listos que fue sancionado por Carpenters Local 30. Patrick Burns, carpintero jubilado y miembro del Partido de Libertad Socialista, explica los objetivos del comité. “En las negociaciones de contratos, los miembros suelen ser los menos preparados, así que el propósito del comité era revertir esta situación. ¡Nuestro objetivo es que el Sindicato de Carpinteros del Noroeste esté dirigido por sus miembros! “

Burns se organizó con miembros huelguistas para aumentar la presión sobre la NWCU y obligarlos a realizar una huelga mucho más efectiva. Las estrategias que apoyaban Burns y el Grupo McGuire, y que respaldaba el Comité de Contratos Listos, incluyeron el hacer piquetes en todos los sitios donde las huelgas eran legales, tener en cuenta y fomentar el apoyo público, y establecer un fondo por dificultades para ayudar a los huelguistas y trabajadores de otros sindicatos que respetaban sus piquetes.

Mientras tanto, el Grupo McGuire organizó manifestaciones en los sitios PLA con acuerdos que prohibieron huelgas y consiguió interrumpir el trabajo en algunos de esos sitios. Tenían razón en el sentido de que esos acuerdos de no huelga debilitaron gravemente al sindicato, pero no tenían suficientes miembros que apoyaran esta táctica y, por ende, dieron pie a las represalias contra los militantes. Los líderes del sindicato participaron en una feroz caza de brujas anticomunista y acusaron al Grupo McGuire de emprender acciones legales contra el NWCU.

No es el final. La huelga concluyó con la aprobación por parte de los miembros de un acuerdo que era solo un poco mejor que las cuatro ofertas anteriores.

Ahora existe una acalorada discusión sobre lo que sucedió durante el paro laboral y las bases se asegurarán de que tal debacle no vuelva a suceder. Como dice Sosa, “Se tiene que limpiar la casa”.

Mientras tanto, el presidente general del Sindicato Internacional de Carpinteros ya ha entrado en escena. Despidió a tres líderes principales del NWCU y lo colocó en administración fiduciaria. Este movimiento amenaza con imponer un control de arriba hacia abajo del sindicato local por parte del internacional. Muy a menudo, la administración fiduciaria socava el control de los miembros sobre su organización. Con el tiempo se podrá ver qué sucede con el NWCU.

No obstante, las bases rebeldes saborearon el poder que pueden ejercer. Las lecciones que aprendieron de esta batalla les serán de gran utilidad para luchar por un sindicato combativo, democrático y gobernado por sus miembros.

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