Las elecciones de EE.UU.: Esta NO es la cara de democracia

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La tragedia de estas elecciones es que el país más rico y poderoso de la tierra no haya podido idear mejores opciones de liderazgo.” Esto fue lo que escribió un lector a Newsweek.

No es broma. El proceso electoral de EE.UU., sin embargo, no está diseñado para producir candidatos estelares sino candidatos seguros para los negocios corporativos, como siempre. Mucho antes de que los votantes acudan a las casillas electorales, ya han sido privados de toda posibilidad real en una elección.
Pero de acuerdo a la gente que lo administra, nuestro sistema es el mejor del mundo. Y no dudan en tratar de imponérselo a los países “menos iluminados” del resto del mundo.

La carrera presidencial de noviembre, sin embargo, atestó un golpe muy fuerte al mito de que nuestra manera de hacer las cosas es un reflejo de la democracia en su máxima expresión. Quizás, a pesar de la arrogancia de nuestra clase gobernante, tenemos algo que aprender del resto del mundo, donde las elecciones de partidos múltiples, de representación proporcional y votación de desempate inmediata son comunes.
Reformas de este tipo no son la respuesta definitiva. Siempre y cuando nuestra estructura social y económica en su totalidad favorezca a las grandes corporaciones, ésta será la función de nuestra estructura política también. Pero los siguientes cambios harían nuestras elecciones más representativas y democráticas – y mucho más interesantes. He aquí siete proposiciones:

1. Limitar el control corporativo por medio de financiamiento público de las campañas.

¿Cuán justo es que los representantes de sólo dos partidos, ambos leales a Wall Street, tengan el 99.9 por ciento de los cargos elegidos?

Para dar a alguien diferente la oportunidad de luchar, debemos dar fin a la capacidad que tienen los donantes de grandes sumas de dinero de decidir quiénes son los ganadores. Necesitamos abolir el financiamiento corporativo en beneficio de pocos y, en su lugar, instituir el financiamiento público para todos los candidatos que puedan demostrar un mínimo de apoyo popular.

2. Eliminar las leyes que restringen el acceso a las boletas electorales de los partidos menores.

Las cifras necesarias para que los partidos menores obtengan el derecho a la representación en la boleta electoral necesitan ser disminuidas, y la plétora de leyes adicionales que conspiran para mantener el control de los demócratas y republicanos sobre la boleta electoral necesitan ser eliminadas. Un ejemplo:

Algunos estados exigen que la gente se inscriba con afiliación a un partido para votar en las elecciones primarias. Esto limita a los independientes y a aquéllos que quieran votar por partidos menores que no tengan presencia en la boleta de dos maneras distintas: Las personas sin afiliación no pueden votar en absoluto, y aquéllos que sí escogen un partido reciben boletas que incluyen candidatos de dicho partido únicamente. Los votantes deberían poder votar por cualquier candidato en toda elección primaria sin importar su afiliación.
Vea la página cinco para informarse acerca del caso de acceso a la boleta electoral del propio Partido de Libertad Socialista.

3. Sustituir “el sistema de ganador absoluto” por el de la representación proporcional.

La representación proporcional divide los puestos legislativos entre los partidos según la proporción del voto total que obtenga cada uno de ellos. Los partidos menores que obtienen una fracción importante del voto, pero que no resultan victoriosos del todo, también reciben un cierto grado de representación.

4. Establecer votación de desempate inmediata.

En elecciones presidenciales organizadas de esta manera, los votantes calificarían a cada candidato – como se hace en Australia, Irlanda y la Gran Bretaña. Si el voto de primera opción del pueblo por un candidato alcanza un total de más del 50 por ciento, la elección se considera terminada. Si ése no es el caso, sin embargo, se elimina al candidato con el menor número de votos y se cuenta otra vuelta. En esta segunda vuelta, los votos de la gente cuya primera opción se haya eliminado cuentan como votos de segunda opción. Y así se continúa hasta que un candidato alcance la mayoría. La votación de desempate inmediata (instant runoff voting) implica que aunque nuestro candidato favorito no gane nuestra boleta cuenta de cualquier forma.

5. Actualizar y normalizar los procesos y equipo de votación a nivel nacional.

¡Acabar con el tratamiento de segunda clase a los votantes en áreas mas pobres, muchos de ellos de color!

6. Terminar con la privación del derecho al voto de prisioneros y antiguos prisioneros.

Trece estados han retirado permanentemente el derecho a votar a la gente que ha sido sentenciada por crímenes graves. En Florida, por ejemplo, más de 400,00 antiguos presidiarios, siendo cerca de la mitad de éstos negros, no pudieron votar en 2000.

No hay ninguna razón válida para denegar el voto a gente que ha cumplido condena, sobre todo dada la naturaleza racista de la justicia criminal de este país.

7. Eliminar el Colegio Electoral.

El Colegio Electoral es una invención del siglo XVIII creado para dar a los Estados esclavistas del sur más peso proporcionalmente en la selección del presidente. Funcionó; excepto durante cuatro años, el cargo fue desempeñado por esclavistas de Virginia a lo largo de los primeros 36 años de existencia de este país. Aunque el Colegio ha sido modificado desde entonces, todavía impide que el pueblo elija directamente al presidente.

No nos aferremos a atavismos elitistas que nos dejaron los Padres fundadores. ¡Al contrario, adoptemos lo mejor del espíritu revolucionario y hagamos temblar al sistema!

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