León Trotsky y la Revolución Permanente

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Un planeta controlado por potencias imperiales, sus recursos saqueados y sus pueblos forzados a vivir en un estado de guerra incesante, padeciendo pobreza y enfermedades.

¿Parece el 2005? Es una descripción de 1901, el año en que el joven León Trotsky escribió el ensayo Sobre el optimismo y el pesimismo, donde reflejaba sus esperanzas para un futuro mejor.

Cuatro años después, ayudó a dirigir una insurrección de trabajadores rusos contra el Zar. Este incidente produjo el primer soviet revolucionario de la historia con Trotsky como su presidente.

La insurrección de 1905 fue reprimida pero ofreció excelentes lecciones para la exitosa revolución de Rusia de 1917. Como resultado de ésta surgió la teoría de Trotsky de la revolución permanente. (Véase The Permanent Revolution and Results and Prospects, Pathfinder Press, o www.marxists.org/archive/trotsky/works/1931-tpv/index.htm). Esta teoría afirma que aun las demandas más básicas de los trabajadores y campesinos, sobre todo los más oprimidos, ya no se pueden obtener sin el derrocamiento del capitalismo. Las necesidades de la humanidad sólo pueden ser satisfechas por el socialismo. Además, la lucha para lograr esta transformación debe darse a nivel mundial; no existen las soluciones nacionales para los problemas globales.

En la década de los 1920, después de la subida al poder de Joseph Stalin en la Unión Soviética y de su afirmación de que el socialismo se podía construir en un país, Trotsky fue exiliado por sus ideas. Sin embargo, los acontecimientos mundiales, incluyendo el desplome de la URSS y el surgimiento de EE.UU. como imperio, están haciendo que el concepto de revolución permanente sea más relevante que nunca.

En un reciente Foro Internacional de Intelectuales y Artistas, el presidente venezolano Hugo Chávez comentó la importancia de las ideas de Trotsky y exhortó a la audiencia a que las estudiaran. Para aquéllos que están lidiando con el problema de cómo lograr el cambio exitosamente – activistas anti-guerra y anti-globalización, feministas y lesbianas y gays, luchadores en pro de la liberación nacional y racial – este consejo no podría haber llegado en un mejor momento.

El socialismo o la marcha hacia adelante. Tanto Chávez en Venezuela como otros líderes populistas de izquierda en todo el mundo, se enfrentan ahora a las mismas cuestiones que tuvieron que enfrentar Trotsky y V.I. Lenin en Rusia en 1917.

Una de las observaciones de Trotsky acerca de la insurrección de 1905 fue que los trabajadores, no la pequeña clase capitalista conservadora de Rusia, inició el movimiento para revertir las relaciones feudales, para poner fin al gobierno del Zar y los nobles, y para lograr reformas y la democracia.

Esto marcó un parteaguas con respecto a la historia anterior. Durante la era de la Revolución Francesa, la clase capitalista ascendente tuvo un papel progresivo en la destitución del feudalismo. Desde entonces, afirmaba Trotsky, el capitalismo se había vuelto reaccionario e incapaz de mejorar la vida de las masas.

Contra el pensamiento socialista imperante, él teorizó que los trabajadores insurrectos no podían lograr sus demandas deteniéndose artificialmente en la fase “democrática burguesa” de la revolución, la cual dejaría intacto al capitalismo y que se convertiría eventualmente en socialismo.

Sus ideas fueron confirmadas muy pronto. Durante los meses en que se desarrolló la Revolución Rusa, el Partido Bolchevique si dividió con respecto a la decisión de apoyar o no al nuevo gobierno burgués (capitalista), el cual tenía intenciones de instituir reformas sin alterar las relaciones básicas de la propiedad – o dirigir la lucha para establecer un estado obrero. Trotsky y el líder bolchevique Lenin propusieron la segunda opción, y los trabajadores más politizados de Rusia estuvieron de acuerdo con ellos.

Hoy, Venezuela se encuentra en una encrucijada similar. A pesar de que Chávez ha instituido profundas reformas, la economía capitalista y las relaciones de clase de este país se han conservado intactas. Los usureros quieren sabotear los logros de las masas y están colaborando con EE.UU. para derrocar a Chávez. Siempre y cuando ostenten el poder económico, serán una amenaza para el progreso de Venezuela.

Para comprender la globalización. Ni Lenin ni Trotsky pensaban que la Rusia empobrecida podría lograr el socialismo por sí misma. Ambos habían argumentado que los trabajadores debían asumir la iniciativa revolucionaria cuando se presentara la oportunidad, pero también creían que la construcción del socialismo requería una economía avanzada. La supervivencia del nuevo estado obrero en Rusia dependía de la difusión de la revolución en países capitalistas altamente desarrollados.

Pero la revolución fracasó en Europa y la insistencia de Trotsky en pro de un continuo avance hacia la revolución global, en lugar de recular y ceder al capitalismo, se convirtió en un debate crucial.

Su intransigencia con respecto a esta cuestión surgió de su comprensión de la economía mundial. Trotsky comprendía que el conflicto entre las clases trabajadoras y capitalistas, al igual que la economía, es internacional por naturaleza. Siempre y cuando exista el capitalismo, peleará a muerte contra cualquier cosa, en cualquier lugar, que le impida obtener ganancias, desde las luchas de liberación colonial hasta los estados obreros como la URSS.

Sus ideas desafiaron la práctica de Stalin de mermar los movimientos obreros para alcanzar la “coexistencia pacífica” con el capitalismo. Desgraciadamente, el colapso de la Unión Soviética reivindicó la postura de Trotsky.

Hoy día, Cuba se enfrenta a la misma cuestión. Celia Hart, proponente cubana de la revolución permanente, tiene la convicción de que un estado obrero aislado no puede sobrevivir a largo plazo: “La difusión de la revolución por todo el continente latinoamericano es esencial para la supervivencia de la Cuba revolucionaria.”

El derrotero global común a toda la humanidad. Las ideas de Trotsky no son menos importantes para los radicales de EE.UU. cuya tarea es hacer la revolución en nuestro país.

Por una parte, la liberación de todo el mundo depende de que se dé fin al papel que realiza EE.UU. de exportador mundial de guerra y contrarrevolución. Por otra parte, todos los logros de la clase trabajadora de los EE.UU., desde la Seguridad Social hasta el derecho al voto y al aborto, también se encuentran en peligro de extinción. Desde la época en que Trotsky formuló sus ideas acerca de la revolución permanente, el capitalismo se ha vuelto simplemente más reaccionario, violento e incapaz de satisfacer las necesidades humanas.

Un aspecto importante de su teoría era la convicción de que los trabajadores, que son los que más se benefician con la revolución, deberían ser llamados a ser líderes. Es famoso su llamado a los socialistas en 1938 a que “les abrieran las puertas” a las trabajadoras y a los jóvenes. En 1917, fue una huelga de trabajadoras textiles súper explotadas lo que lanzó la revolución de Rusia. Hoy día, por mucho que se encubra, la resistencia está igual de activa en los EE.UU. y, como Trotsky insistiera, sus héroes son las personas más marginadas por el sistema actual.

Los estibadores africano-americanos iniciaron la Marcha del Millón de Trabajadores. Las mujeres se están movilizando en pro de la justicia reproductora. Los gays están cometiendo actos de desobediencia civil para lograr la igualdad. Estas batallas inspiran y se inspiran en las batallas de otros países. La perspectiva de la revolución permanente puede unificar dichas campañas y crear lo necesario para satisfacer las aspiraciones de la humanidad en todo el mundo que aspira a ser libre: un movimiento internacional para forjar un mundo socialista.

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