¡Rescatemos a los trabajadores, no a los bancos!

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En marzo, el Gobierno de EEUU metió millones de dólares de los contribuyentes en los bolsillos de por sí llenos de Wall Street. Por lo menos un trillón de dólares que podrían haber sido utilizados para la Seguridad Social y Medicare fueron destinados, por el contrario, a los bancos de inversiones que se la habían jugado en el mercado y que perdieron.
Este hurto se viene planificando desde hace mucho tiempo.
En 1999, la administración de Clinton anuló las leyes aprobadas durante la Gran Depresión que mantenían separados los bancos de inversiones de los bancos comerciales. Esto permitió que los apostadores del mercado pusieran las manos sobre los préstamos y ahorros de todo mundo. En 2005, el Congreso aprobó la “Ley de Prevención de Abuso de la Bancarrota y de Protección al Consumidor” para hacer mucho más difícil que la gente saliera de sus deudas. Los tiburones se afilaron los colmillos para la faena alimentaria.
A la vez que los anuncios de la televisión anunciaban préstamos hipotecarios de alto riesgo (subprime) con un enganche mínimo para personas con crédito malo, el Bank of America financiaba al mayor oferente de dichos préstamos, Countrywide. Después de dos años, Countrywide duplicó sus tasas de intereses hipotecarias, infló el monto de los pagos mensuales, y se apoderó de las casas de las personas que había planeado que se desplomaran — un número desmesurado de los cuales eran negros e hispanos.
Washington Mutual robó de forma diferente. Este banco obligó a la compañía hipotecaria que utiliza para que inflara deliberadamente los precios de las casas. Esto provocó que el banco incrementara sus ganancias pero dejó a los propietarios de casas debiendo más dinero que lo que valen las mismas.
Ya que los banqueros anunciaban que “las propiedades siempre aumentan de valor”, los compradores pensaban que sus casas producirían una equidad que podrían utilizar para pedir préstamos para el pago de sus deudas. Dado que casi la mitad de todos los hogares gastan más que lo que ganan, esto parecía un don divino. Pero fue, al contrario, un pacto con el Diablo: 80,000 familias al mes han tenido que abandonar sus hogares.
Mientras tanto, el Gobierno está usando los ingresos fiscales para absorber las deudas no pagadas que las instituciones financieras fueron responsables de ocasionar — ¡sacando de apuros a los tracaleros con el dinero de los atracados!
La federación sindical de la AFL-CIO ha redactado leyes de emergencia para parar los remates hipotecarios y los lanzamientos en algunos estados. Está bien pero se necesita una moratoria nacional. Y con los altos precios de todas las necesidades básicas, los grupos laborales y comunitarios deberían luchar también por revertir el costo de las rentas y por el control universal de las mismas.
En febrero, Inglaterra rescató al gigantesco banco Northern Rock nacionalizándolo temporalmente, con compensación a los accionistas. Es un excelente modelo, pero sería mejor si se omiten los sobornos y se hace permanente la propiedad pública.
Esto es lo que tiene que pasar en EEUU. El sector privado ha demostrado que es incapaz de satisfacer las necesidades más básicas de la gente. ¡Por eso hay que hacer de los bancos instituciones públicas administradas por trabajadores públicos sindicalizados!
¿Rescatar a los bancos? Es una broma, ¿verdad? Es mejor encarcelar a los presidentes corporativos y transferir su riqueza a la gente que ellos provocaron que se quedara sin techo.

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