Reviviendo el sistema de cuidado médico

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Casi todo el mundo está de acuerdo en que algo se tiene que hacer con respecto a la situación del cuidado médico y de los seguros médicos en EEUU. La solución del presidente Bush es ofrecer una deducción de impuestos para las personas que abandonen el seguro médico financiado por su patrón y que compren su propio seguro privado.

Desde el punto de vista de los trabajadores y los pobres, ésta no es ninguna solución sino una estafa. Si se implementa, sólo empeorará la situación en la cual reciben, no el cuidado médico que necesitan, sino el que pueden pagar.

Si se considera desde la perspectiva capitalista, sin embargo, el plan de Bush tiene mucho sentido pues les exprimirá la sangre a los trabajadores para transfundirla a las achacosas corporaciones de EEUU. Bush exige que los trabajadores sacrifiquen su propia salud física y económica en beneficio de las ganancias de sus patrones.

Pague más, reciba menos. Las compañías como General Motors llevan mucho tiempo quejándose de que el tener que financiar los planes médicos de sus trabajadores les ocasiona una desventaja en relación a sus competidores, desde Alemania hasta Japón, donde las empresas no tienen las mismas obligaciones financieras directas bajo los sistemas de cuidado médico nacionales.

En la realidad, el tremendo aumento en los costos son principalmente un reflejo de la avaricia de los colegas capitalistas de GM: las industrias médicas y farmacéuticas. Pero la campaña de culpar a los trabajadores les ha permitido obtener a GM y a otras corporaciones tremendas concesiones del movimiento laboral. En 2005, GM hizo un convenio con los líderes del sindicato de trabajadores automotrices (UAW) para ahorrarse $15 000 millones en costos de cuidado médico a largo plazo reduciendo los beneficios, sobre todo para los jubilados.

Hoy día, el objetivo de Bush es hacer desaparecer las expectativas de que las grandes empresas tengan cualquier tipo de obligación de velar por la salud de sus empleados actuales o de antaño. Para vender su nuevo plan a los trabajadores, Bush está recurriendo tanto a los sobornos fiscales como a la intimidación fiscal.

La intimidación consiste en la propuesta de contar las contribuciones al cuidado médico de los empleadores como ingresos sujetos a pago de impuestos para los trabajadores. El soborno consiste en permitir que los trabajadores deduzcan una cierta cantidad de sus ingresos sujetos a pago de impuestos si compran un seguro privado.

Las deducciones más altas serán para las personas más ricas. En el caso de las familias de bajos recursos, ¡la deducción de Bush de $15,000 se convertiría en un reembolso de sólo $150! Esto no tendrá la más mínima consecuencia ni para el costo del seguro privado ni para los gastos anuales de una familia. Y entre más barato sea el plan, por supuesto, más austero será el mismo y más deducibles y pagos complementarios exigirá.

Bush llama “básico” el tipo de seguro privado que está promoviendo. En el caso de la mayoría de la gente, la cobertura “básica” con frecuencia hará inaccesibles las pruebas y los tratamientos necesarios — o simplemente será inaccesible el plan mismo.

El afán de lucro envenena el cuidado médico.Las compañías de seguros son negocios que se dedican a denegar servicios. Entre más retienen de las primas, más son sus ganancias.

La recaudación de primas y el pago de reclamos son realizados por una burocracia que consume el 25 por ciento de los ingresos de un asegurador privado típico. Esto se compara con aproximadamente el tres por ciento en el caso de los planes nacionales administrados por el gobierno de otros países.

La inmensa burocracia existe sólo para un propósito: el de enriquecer a un pequeño número de individuos. En 2006, las ganancias de cuatro de las principales compañías sumaron un total de cerca de $9 000 millones. Los salarios de los directores ejecutivos ascienden a millones y cuentan con acciones de miles de millones — los cuales pueden saborear en los aviones de $25 millones que sus empresas les facilitan.

Sin embargo, la fuerza principal a la que se debe el incremento en los costos médicos es la industria farmacéutica.

Las personas de recursos limitados frecuentemente carecen de medicamentos pues no pueden pagar los resurtidos de los mismos. Por otra parte, la industria farmacéutica hace mención de los derechos de “propiedad intelectual” para impedir la manufactura de equivalentes genéricos más económicos e insiste en que sus ganancias gigantescas ayudan a desarrollar nuevos medicamentos.

Sin embargo dicha industria es sustancialmente subsidiada por las contribuciones de los trabajadores. Hasta el 25 por ciento del costo del desarrollo de nuevos medicamentos proviene de la investigación financiada por los Institutos Nacionales de Salud (NIH).

Una vez que se identifica el candidato medicinal, se vende a bajo precio a las compañías farmacéuticas. El NIH gastó $4 millones en una investigación que dio como resultado el medicamento para el glaucoma Xalatan. Pharmacia compró los derechos por $150,000, y se dedicó a recibir $500 millones anuales en ganancias.

Típicamente las grandes farmacéuticas se rehúsan a revelar cuánto gastan en el desarrollo de medicamentos, pero los expertos calculan que gastan dos veces más en mercadeo y ventas.

Inmensa desigualdad. A pesar de que aun los trabajadores cuyos empleadores contribuyen a su seguro médico, tienen dificultad para pagar los gastos personales en aumento y los pagos complementarios, Bush insiste en llamar esta cobertura “dorada” y “de lujo”.

Si ése es el caso, ¿cómo se le llamaría al cuidado médico que disfrutan los millonarios, quienes suplementan sus planes médicos comprando los servicios de sus propios médicos privados en guardia? Tal vez el plan de oro macizo.

Mientras tanto, muchos ancianos y discapacitados ya pertenecen a una versión del miserable plan “básico” de Bush a través de Medicare y Medicaid” — al cual Bush quiere restarle $70 000 millones durante los próximos cinco años, a la vez que se reducen los beneficios médicos de los veteranos en $1 000 millones durante dos años.

Los planes médicos de EEUU están profundamente estratificados — desde el de oro macizo hasta la total ausencia de seguro. Cuarenta y siete millones de personas cuentan con este último.

Esta estratificación se traduce en un extremo sufrimiento para los más pobres. Según la Organización Mundial de la Salud, los EEUU ocupan el 24avo lugar en expectativas de vida saludable. “Básicamente, te mueres más pronto y pasas más tiempo discapacitado si eres norteamericano y no miembro de los otros países más avanzados”, afirma el Dr. Christopher Murray, director de OMS. Los americanos nativos, los africano-americanos de zonas rurales, y los pobres de los barrios urbanos son los que más sufren, según la OMS.

Con justificada razón, la gente trabajadora y los pobres creen que tienen el derecho a un cuidado médico más abundante y mejor, no menos que eso. Ésta es la perfecta situación para que se generen serias batallas de clase en el futuro.

¡La nacionalización es la cura! Sin embargo, ya que el estado está del lado de las industrias médica y farmacéutica, el obtener cuidado médico universal de alta calidad requerirá una lucha decidida. Desgraciadamente, carecemos del liderazgo necesario.

La gente trabajadora no puede depender del Partido Demócrata. Comenzando con mucha demagogia elegante acerca de hacer universal el seguro médico, Bill Clinton acabó no haciendo nada por los millones de personas que no tienen seguro mientras que se consolidaba el actual sistema miserable de “cuidado administrado”, mediante el cual las HMOs en realidad racionaban el cuidado médico. A pesar de lo que estén diciendo actualmente los candidatos demócratas a la presidencia, sería un suicidio para los trabajadores esperar algo mejor de aquéllos que de Clinton.

Mientras tanto, muchos líderes laborales aceptan la idea de que los costos del cuidado son una carga que las corporaciones no pueden solventar, y les tratan de vender esta idea a sus miembros.

No obstante, un desarrollo positivo es que la federación laboral AFL-CIO recientemente se unió a otras voces progresistas para exigir un plan de pagador individual (single-payer), en el cual el Gobierno asume un papel que hoy día desempeñan las compañías aseguradoras pero que incluye a toda la población.

El sistema de pagador individual definitivamente sería una mejoría, pero no es suficiente en absoluto. Depender de que el Gobierno financie apropiadamente este sistema, sobre todo en esta era de reducciones en los servicios sociales, sería una quimera. Los trabajadores británicos lo saben, al igual que aquéllos que cuentan con Medicare y Medicaid.

También, el sistema de pagador individual no se ocupa del problema de los costos en aumento debido a las obscenas ganancias de todos los demás sectores del ámbito del cuidado médico, excepto las aseguradoras.

La solución es quitarle las ganancias a la industria en su totalidad, desde las farmacéuticas a las compañías de suplementos médicos hasta los hospitales. También se podría financiar el sistema nacionalizado incrementando enormemente los impuestos de las corporaciones, cuyas ganancias con frecuencia se producen a expensas de la salud de los trabajadores.

Además, este sistema debe ser controlado por los trabajadores del cuidado de salud en colaboración con los usuarios y pacientes. Son los trabajadores de las trincheras quienes saben lo que se necesita hacer para proporcionar un cuidado genuinamente universal y completo — para los empleados y los desempleados, los inmigrantes y los oriundos, los documentados e indocumentados, los hombres y las mujeres, los homosexuales y los heterosexuales.

El sistema de lucro es una enfermedad que arruina todo lo que toca. Es preciso someterlo a una remisión permanente — ¡y la industria del cuidado médico sería un excelente lugar donde comenzar!

Steven Strauss, neurólogo de Baltimore en el Hospital Franklin Square, es activista y autor educativo.

Prueba: Nombra el país
• El SIDA es la principal causa de mortandad en mujeres negras entre 25 y 34 años de edad.

• Casi el 85 por ciento de los condados rurales donde los negros son la mayoría tienen una carencia de profesionales médicos.

• Los infantes indígenas tienen un índice de mortandad de casi el doble que el de los niños blancos.

• La tasa de mortandad de los hispanos debido al SIDA es del 295 por ciento mayor que el de los blancos no hispanos, y del 58 por ciento mayor de los hispanos debido a la diabetes.

• Comparados con los adultos asegurados, los adultos que llevan más de un año sin seguro tienen una probabilidad del 2.5 mayor de no haber tenido un examen médico en los últimos dos años.

Respuesta: los Estados Unidos

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