Voces de Color: Los trabajadores textiles se sindicalizan para un futuro mejor

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Los trabajadores de la confección de hoy día están tan resentidos por sus bajos salarios y atroces condiciones de trabajo como sus antepasados de hace 100 años. Pero ahora la mayoría de las caras de la gente doblada sobre las máquinas de coser y las tablas de planchar son de mujeres de piel morena y amarilla originarias de América Latina y Asia y no de inmigrantes judíos de Europa.

Sin embargo, poco ha cambiado en el caso de muchas costureras que todavía trabajan de 10 a 16 horas al día, seis o siete días a la semana sin seguro médico, pensiones, subsidio por enfermedad, vacaciones pagadas ni paga por trabajo extra.

En California, la ardua labor de los trabajadores de la confección ha creado la segunda actividad comercial más próspera del estado. De la fuerza de trabajo de 140,000 personas de la industria de la confección, 85 por ciento son mujeres, gente de color o inmigrantes y el 90 por ciento de las fábricas que los emplean son consideradas empresas de explotación que violan vilmente las reglas laborales y los códigos sanitarios y de seguridad.

Sin embargo, de la misma manera en que siempre lo han hecho históricamente, los trabajadores de la confección de hoy se están organizando y realizando boicots y huelgas para resistirse a su situación.

Continúan con una tradición de heroísmo. En California del Sur, por ejemplo, los trabajadores de la confección han dado marcha adelante para exigir una mejora en sus condiciones de trabajo.

De los grupos de defensa y organizaciones laborales que dedican sus esfuerzos en pro de los trabajadores de la confección, los más conocidos son los Defensores de los Trabajadores Inmigrantes Coreanos (Korean Immigrant Workers Advocates o KIWA, según las siglas en inglés) y el Sindicato Unido de Trabajadores Industriales y Textiles (United Needle, Industrial, and Textile Employees o UNITE, según las siglas en inglés).

UNITE está engrosando sus filas por medio de activas campañas sindicales. Las condiciones y salarios de sus miembros han mejorado y los trabajadores de la confección que no pertenecen al sindicato, están acudiendo a UNITE.

UNITE también organiza piquetes pluriraciales cuyas denuncias incluyen desde condenar el TLC (NAFTA) y la legislación anti-laboral hasta lanzar llamados para terminar inmediatamente con las fábricas de explotación, realizar boicots de los productos de dichas fábricas y terminar con los abusos del trabajo infantil.

Como represalia, los patrones despiden a organizadores sindicales activos y llaman a los servicios de inmigración (INS) para que deporten a los empleados.

Este año Levi-Strauss despidió a 6,400 trabajadores textiles, de los cuales 800 eran miembros de UNITE. En los Ángeles, el Servicio de Inmigración ha realizado redadas en más de 75 industrias de la confección.

A diferencia de muchos sindicatos, UNITE reconoce que la deportación es una táctica racista de intimidación y pugna por defender los derechos de los trabajadores inmigrantes indocumentados o “ilegales”.

Por su parte, el grupo KIWA se apuntó una gran victoria contra la industrial de la confección Jessica McClintock por medio de boicots y de piquetes innovadores en distritos de clase alta en que se vendían los modelos McClintock, incluyendo Beverly Hills.

La Campaña de Justicia pro Trabajadores de la Confección (Garment Workers Justice Campaign), iniciada por KIWA, rescató el salario atrasado de 12 trabajadores chinos a los que McClintock se había rehusado pagar.

Además, la campaña obtuvo fondos para educar a los trabajadores acerca de lo que son las normas laborales justas, para instituir una línea telefónica gratuita bilingüe para reportar abusos por parte de las fábricas de explotación, para crear becas para los trabajadores y un acuerdo para investigar la institución de un programa para la regulación de la industria.

Patrones sin consciencia. KIWA también se ha unido a otras organizaciones, incluyendo UNITE, para formar la coalición Sweatshop Watch, dedicada a eliminar las fábricas de exp lotación tanto en los Estados Unidos como en el extranjero.

En 1996, Sweatshop Watch lanzó la “Campaña de Responsabilidad de los Patrones” (Retailers Accountability Campaign) para presionar a las empresas a que adoptaran el Código de Conducta de los Patrones. Los objetivos fueron las tiendas Robinson’s May, Sears Roebuck, Neiman Marcus, Target, Macy’s, Montgomery Ward y Nordstroms. Éstos fueron los almacenes con más ganancias procedentes de los productos fabricados en dos famosas fábricas de California denunciadas en años recientes: un taller de explotación de El Monte en que 72 trabajadores tailandeses laboraban en planteles bajo vigilancia y eran forzados a trabajar hasta 22 horas por día por 59 centavos la hora; en Los Angeles, un taller de los mismos dueños en que 90 latinos trabajaban en condiciones extremas incluyendo amenazas de violencia física.

Dicha campaña fracasó pues ningún patrón firmó el Código de Conducta. ¿Por qué?

Porque el apelar a la consciencia nunca será suficiente para hacer responsables a los patrones de los trabajadores cuya explotación es la base de su riqueza.

Sólo un despliegue organizado del poder de los trabajadores para pegarles a sus patrones donde más les duela, o sea en sus bolsillos de seda, podrá forjar reformas.

Fuerza a través de la unidad. En los últimos años, los grupos de defensa, aparte de los sindicatos, han jugado un importante papel en la lucha por los derechos de los trabajadores. Su les debe adular y felicitar por su trabajo infatigable.

Sin embargo, algunos tienden a separarse del movimiento laboral organizado, por ejemplo los sindicatos, y a operar de manera independiente.

Por ejemplo, un folleto de la organización de Nueva York, Movilización Nacional Contra las Fábricas de Explotación (National Mobilization Against Sweatshops), menciona como uno de los ocho “mitos” el hecho de que “el sindicalismo laboral puede hacer desaparecer a las fábricas de explotación” y hace un llamado para construir “un nuevo movimiento laboral que vaya más allá de las negociaciones colectivas para luchar por el poder político y el cambio sistemático.”

Es cierto que los trabajadores necesitan no sólo sindicatos sino también poder político y cambio sistemático pero no existe sustituto para los sindicatos que luche por la justicia para los trabajadores.

Ninguna organización de masas, no importa qué tan bien intencionada sea, podrá sustituir a los sindicatos.

Sólo los sindicatos tienen la habilidad para formar unidades de negociación de contratos para mejorar los salarios y las prestaciones. Sólo los sindicatos cuentan con el poder para organizar a la clase trabajadora para que cesen de trabajar y para realizar huelgas.

Para poder lograr sus objetivos, las organizaciones comunitarias y sindicatos deben establecer una alianza seria e inquebrantable. Sólo por medio de la unificación de nuestros esfuerzos podremos lograr mejoras significativas y duraderas para los trabajadores que se encuentran en la más extrema necesidad de un nuevo tejido social.

Cheryl Deptowicz es una mujer filipina-china-americana que se auto-describe como feminista flameante y que es trabaja como secretaria y tambien es miembro de Mujeres Radicales de Los Angeles.

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