Weber: el caso Bakke de los trabajadores

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El pleito de Brian Weber, “discriminación al revés”, recién decidido ante la Corte Suprema estadounidense, fue una gigantesca of ens iva dirigida al corazón de la acción afirmativa. Si la decisión de la Corte no hubiera dismantelado esta arma formidable, fallando en contra de Weber, habría resultado la destrucción completa de las oportunidades de trabajo para los que estan en desventaja social.

Desde el caso Bakke al de Weber, la devastación de la acción afirmativa amenazó transladarse moverse del campo educacional al económico y del sector público al privado.

En la Corte Suprema la acción en favor de Bakke, el acceso a las profesiones por parte de las minorías fue limitado; pero fallando en contra de Weber, la corte al menos ofreció alguna esperanza de promoción en el trabajo.

En 1974, Weber era un asistente de laboratorio con un sueldo de $21.000 al año, en la planta de Gramercy de la Kaiser, en Louisiana, cuando fue rechazado en un nuevo programa de entrenamiento técnico en el trabajo. Este programa era un requisito del contrato sindical. El propósito del programa era aumentar la movilidad de todos los trabajadores y compensar las desigualdades raciales del pasado.

Siete negros y seis blancos fueron aceptados, dos de los negros tenían menos antiguedad que Weber.

Acusándolos de violación al acta de los derechos civiles, Weber entabló juicio a la Kaiser y U.S.W.A. (El Sindicato de Trabajadores de Acero) en nombre de todos los trabajadores elegibles blancos de la planta.

Carrera sin ascenso

Hasta 1974, la Kaiser exigió experiencia previa a los trabajadores con preparación técnica y contrató a los de afuera en vez de prom over a sus propios trabajadores. Por consiguiente, Weber ni siquiera habría podido ser candidato a un puesto de mayor experiencia antes de la iniciación del mismo programa que ahora está poniendo en duda.

El plan de la Kaiser y el USWA fue aumentar la representación de las minorías y mujeres hasta que el gremio de los trabajadores contuviera un 5% de mujeres y un porcentaje de minorias igual al de la población del área alrededor de cada planta. La población minoritaria de Gramercy era de un 39%, pero sólo un 2% de trabajadores con experiencia técnica en la Kaiser era minorías. Para lograr esto, un 50% de las minorías y mujeres, más un 50% de blancos debieron ser admitidos al programa de entrenamiento.

Kaiser la Grande

Las primeras dos decisiones de la corte local determinó que el objetivo de un 50% era “una preferencia ilegal”, porque la Kaiser no admitía ninguna discriminación anterior. Ni tampoco la corte escuchó el testimonio documentado acerca de la historia de la Kaiser sobre los bajos salarios, limitación de empleo y segregación de facilidades para las minorías. Los negros estaban forzados a comer en medio de los gases de la fábrica, mientras los blancos gozaban de comedor con aire acondicionado.

La administración de la Kaiser sólo testificó acerca de su politica de igualdad de oportunidades (por escrito), sus fracasadas tentativas de reclutar negros, y su adopción al “sistema de cuotas” para cumplir con los requisitos federales y evitar “los litigios vejatorios”. Si la administración hubiera admitido las disparidades que justificaron el selectivo programa de entrenamiento, habrían provisto una base para pleitos caros y seguros de las minorías contra ellos.

La Justicia al Reves: Otro Giro

La habilidad de los sindicatos para defender las especiales necesidades históricas tanto de los trabajadores minoritarios como de las mujeres fue seriamente puesta en peligro por el caso Weber. Una resolución reciente de la junta local del USWA en Nueva Orleans, llamó al caso Weber “un ataque contra los sindicatos en la peor tradición del acta Taft-Hartley,”
“derecho al trabajo” sin pertenecer a un sindicato y la prohibición al derecho legal de huelga.

Los lideres de los derechos civiles proclaman legitimamente que el problema envuelto es simplemente una justa e imparcial reparación para las minorías, y no la vengativa discriminación contra los blancos proclamada por Bakke y Weber.

Los programas voluntarios de la acción afirmativa ya están tambaleándose ante la herida paralizadora infringida por Bakke, la cual constriñó las oportunidades para ser empleados de “cuello blanco”. Si Weber hubiera bloquedo el acceso de los operarios para la preparación técnica, las minorías habrian vuelto a los trabajos de barrenderos, las mujeres a las oficians como secretarias y el movimiento laboral al periodo de aftliación voluntaria al sindicato.

Pero el rechazo de la corte a la demanda de Weber, puso al movimiento sindical en una posición fuerte para la batalla a enfrentar y obtener una verdadera acción afirmativa para las minorías y las mujeres.

Los sindicatos pueden y deben intensificar ahora su lucha para la acción afirmativa.

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