Día del Trabajo del 2013—Clara Fraser: Sintetizadora del marxismo y del feminismo

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“¿Qué mejor destino se puede forjar una persona que su participación en la emancipación de la humanidad?” Clara Fraser formuló esta pregunta y la respondió viviendo con valentía, compromiso, deleite y un estilo inimitable. Quince años después de su muerte, la vida de Fraser aún nos inspira. Además, su pionera síntesis del socialismo y del feminismo se puede ver claramente como una innovadora contribución al pensamiento marxista.

Fraser en una manifestacíon de huelguistas de la Inlandboatmen’s Union (el sindicato de trabajadores marítimos) en Seattle de 1980.
Fraser siempre insistía en que no había descubierto el feminismo socialista. Es cierto que todos los grandes marxistas defendían la liberación de la mujer pero fue Fraser quien demostró cuán esencial es la dinámica del sexo y la raza en la lucha por el cambio en nuestra era actual.

La Revolución Permanente se encuentra con el feminismo. Hace más de un siglo, socialistas como Carlos Marx, Federico Engels, V.I. Lenin, Clara Zetkin y León Trotsky demostraron que la emancipación de las mujeres era crucial en la lucha por el socialismo.

Sin embargo, muchos izquierdistas consideraban que la “Cuestión de la Mujer” era divisiva y secundaria. No se fomentaba el liderazgo femenino y se trataba con desprecio. Esos radicales inflexibles, conservadores y mayoritariamente varones se vieron muy sorprendidos con las rebeliones sociales que comenzaron a finales de la década de 1950. Consideraban insignificantes las rebeliones de la gente de color, las mujeres, los estudiantes y los gays y como desviaciones de la ”verdadera” lucha de clases librada por los sindicalistas varones blancos de la industria pesada.

Sin embargo, Clara Fraser no estaba sorprendida pues había estado prestando atención a la vitalidad política del segundo sexo: mujeres sindicalistas militantes como su madre, mujeres camaradas de la Izquierda que trabajaban duro y organizadoras de bases de derechos civiles negras que habían sido transformadas por sus múltiples formas de opresión en “modelos de independencia, autosuficiencia, responsabilidad e iniciativa”.

Efectivamente, aseguró Fraser, “el feminismo, la lucha por los derechos justos para las mujeres, es siempre un barril de pólvora de la lucha de clases”. Ella vio que el liderazgo de las mujeres, sobre todo de las mujeres de color y las lesbianas, impulsaría hacia delante al movimiento en su totalidad.

Fraser explicó que la cuestión racial y la de la mujer comparten una naturaleza dual. Cada una representa un problema único con su propia lógica, historia y prioridades. Pero la explotación laboral conecta tanto a las mujeres como a la gente de color con la lucha de clases. Las mujeres de color, en quienes coinciden los aspectos de raza y género, se encuentran en un lugar clave para aclarar las dudas y para unir a los movimientos.

Este análisis surgió de la comprensión por parte de Fraser del concepto trotskiano de la Revolución Permanente como un proceso continuo e internacional cuyo motor principal son las demandas no satisfechas de los más oprimidos. Éstas son demandas inherentemente revolucionarias pues no las puede satisfacer el capitalismo.

Fraser identificó el surgimiento de dinámicos movimientos por la igualdad como una característica de la Revolución Permanente y como una solución necesaria para los problemas de un movimiento laboral conservador y estratificado.

Los sindicatos de EEUU fueron terriblemente debilitados por las cazas de brujas anticomunistas de la década de 1950, lo cual mermó a los radicales y a los defensores de derechos civiles. La burocracia sindical rechazó en su mayoría los movimientos de la década de 1960 y se limitó a colaborar con el gobierno y a someterse al Partido Demócrata. Dicho retroceso ha mermado al movimiento laboral hasta el grado de que aproximadamente hoy día sólo el 11 por ciento de la fuerza de trabajo de EEUU está sindicalizada. La juventud, las mujeres y la gente de color, aunque conjuntamente representan la mayoría de los trabajadores, generalmente se encuentran afuera de los sindicatos o son reducidos a un estatus de segunda clase dentro de los mismos.

Fraser previó que “la mera supervivencia de las organizaciones laborales requiere que emerja una nueva ala revolucionaria dentro de los sindicatos. El impulso inicial provendrá de la gente y de los problemas dentro de la clase pero fuera de los sindicatos”.

Estos rebeldes acuden a los sindicatos para que éstos superen el conservadurismo y para que vayan más allá de las demandas económicas limitadas para luchar por reformas tales como la acción afirmativa y el cuidado infantil. Dichos asuntos pueden no sólo movilizar al movimiento laboral sino también radicalizarlo demostrando que cada reforma lograda bajo el capitalismo es temporal. Como lo expresó Trotsky, las demandas de los más oprimidos ayudan a los trabajadores a “encontrar el puente entre sus demandas presentes y el programa socialista de la revolución”.

El trayecto de una líder. Clara nació el 12 de marzo de 1923 y fue criada en un gueto multicultural de East Los Ángeles por inmigrantes judíos. Su madre socialista era trabajadora de la confección y su padre era anarquista y conductor de camiones. Clara se financió sus estudios universitarios y posteriormente se unió al Partido Socialista de Trabajadores (SWP).

Tuvo suerte de estar en la sucursal del SWP de Los Ángeles cuando era dirigido por Murry Weiss, brillante teórico y escritor, y por Myra Tanner Weiss, dinámica líder que hacía hincapié en la Cuestión de la Mujer. Los dos eran colaboradores cercanos de James P. Cannon, fundador del SWP y del trotskismo en EEUU.

En 1948, Clara se mudó a Seattle para colaborar en la sucursal local del SWP, la cual se distinguió por su alto nivel de activismo en medio del macartismo de la década de 1950 y por su trabajo teórico acerca de la liberación de los negros. Junto con un grupo de colegas pensadores de Seattle y Los Ángeles, ayudó a Richard Fraser, su segundo esposo, a desarrollar el concepto de Integración Revolucionaria.

Esta teoría fundamental demuestra que la dirección principal de la lucha negra en los EEUU ha sido hacia la integración e igualdad, no hacia la separación; que dicha aspiración sólo se puede lograr por medio del socialismo; y que el liderazgo negro y la erradicación del racismo son fundamentales para la unificación de una clase trabajadora dividida y corrompida por el privilegio blanco.

Desgraciadamente, el liderazgo del SWP, el cual era cada vez más burocrático, rechazó esta estrategia revolucionaria para la liberación negra. En 1965, el SWP prohibió la discusión de puntos de vista disidentes en sus convenciones, lo cual fue un golpe mortal para la democracia dentro del partido. En enero de 1966, la sucursal de Seattle abandonó el partido.

Nacimiento de un nuevo partido. En un periodo de cinco meses, se reorganizó la sucursal de Seattle como Partido de Libertad Socialista (FSP) con un programa trotskista de internacionalismo, feminismo socialista e Integración Revolucionaria. Dos años después, el FSP se dividió debido a su primera prueba del feminismo en la práctica: el derecho de las mujeres radicales de ser tanto activistas como madres, lo cual fue aceptado por la mayoría del partido.

Durante un breve periodo de su historia temprana, el FSP fue un partido integrado sólo por mujeres y dirigido por Clara Fraser y sus colegas cercanas, Melba Windoffer y Gloria Martin. Pero eso cambió muy pronto cuando se empezó a unir una generación más joven de varones.

Para la Izquierda integrada principalmente por varones, el FSP era una aberración: ¿un partido leninista dirigido por una mujer? ¿Feminismo socialista? ¡De ninguna forma!

A Fraser le eran familiares dichas actitudes: “Desde que las feministas organizaron el movimiento moderno en los 60, nos han tildado desde todas las direcciones de locas, insatisfechas, pequeño burguesas, narcisistas, frívolas, destructoras de hogares, perras vociferantes, lesbianas, odia-hombres y enemigas de la civilidad y de la civilización.”

Sin embargo, Fraser sabía que la revolución contra el capitalismo exige un partido de vanguardia para que guíe y una a los trabajadores. A pesar del desprecio de algunos, se echó a cuestas el enorme proyecto de crear un partido así. Esta hazaña se hizo aún más difícil pues la mayoría de la Izquierda no le confería ninguna credibilidad al FSP feminista.

Pero Fraser sobresalió en la “construcción continua, consistente y consciente” que James P. Cannon describió como necesaria para formar un partido que pudiera vencer al sistema de lucro. Hizo hincapié en las bases teóricas, los principios inquebrantables, el involucramiento en los asuntos del día y en un internacionalismo que reconociera la revolución de EEUU como clave para el progreso en el resto del mundo. Insistió en la tradición de James Cannon de liderazgo colaborativo, de escribir y publicar, de sindicalismo para la lucha de clases, de reagrupamiento de la izquierda y de nunca, nunca darse por vencido sin luchar. Debido a sus destrezas, su fuerte amor y ejemplo, el FSP ha sobrevivido, florecido y permanecido fiel a sus raíces durante 47 años.

Ideas en acción. Los logros políticos de Fraser, alcanzados siendo madre de dos hijos, llenarían muchos volúmenes.

En 1948, poco después de mudarse a Seattle, se convirtió en líder de una larga huelga contra Boeing, su patrón en ese entonces. Organizó el comité Fair Play for Cuba en Seattle después de la revolución de 1959. En 1967, ella y un inusual grupo de mujeres de la vieja y la nueva Izquierda fundaron las Mujeres Radicales (RW) para proporcionar una voz feminista dentro de los movimientos dominados por los hombres y para permitir que las mujeres desarrollaran su propio liderazgo en organizaciones autónomas pero nunca separatistas.

Junto con compañeras de trabajo negras en el programa contra la pobreza, Fraser lanzó la batalla a favor de la legalización del aborto en el estado de Washington. Se organizó a favor del control comunitario de la policía y la defensa de las Panteras Negras, participó en actos a favor de los derechos de pesca de nativos americanos, ayudó a proteger empleos en base a la orientación sexual e ideología política, y proporcionó una voz judía humanista contra el sionismo.

Fue una creativa estratega en varias batallas legales a favor del derecho de ser radical. Es notorio su caso de ocho años de discriminación por género e ideología política contra su patrón, Seattle City Light; y el caso del Freeway Hall, por medio del cual Fraser y otros líderes del FSP consiguieron el derecho de grupos disidentes a mantener archivos internos fuera de las manos de opositores políticos y de los tribunales.

Fraser también se volvió a poner en contacto con Murry y Myra Weiss y otros antiguos líderes del SWP que habían abandonado el SWP cuando se deterioró. Juntos iniciaron el Comité por un Partido Socialista Revolucionario para llevar a cabo el reagrupamiento de la izquierda. Aunque este proyecto fracasó eventualmente – el punto problemático era el feminismo – Murry Weiss quedó tremendamente impresionado con el feminismo socialista y se unió al FSP; contribuyó al partido hasta su muerte en 1981.

La batalla socialista por un mejor mundo, a la cual Fraser dedicó su vida, continúa definitivamente más fuerte debido a su legado. Aquéllos que siguen sus pasos verán, como ella, que “el acto de luchar contra la injusticia está lleno de esperanza y alegría… es una tradición histórica innata y un antiguo esfuerzo a favor de la realización del ser humano”.

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