Que se termine la intervención del imperialismo norteamericano en la crisis venezolana

Cuando la “ayuda” humanitaria es envenenada por el anticomunismo y la hipocresía

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Mostrando su arrogancia imperial, el presidente Trump ha resucitado la Guerra Fría y sus desacreditados guerreros para intentar derrocar al presidente venezolano Nicolás Maduro.

Maduro, el sucesor del socialista democrático Hugo Chávez, se ha enfrentado a una creciente resistencia local. Su gobierno se ha caracterizado por la represión política y la corrupción, así como por una profunda crisis económica provocada por la caída de los precios del petróleo y las sanciones comerciales de Estados Unidos. Esto ha provocado un éxodo masivo de tres millones de venezolanos de su tierra natal.

Trump ha aprovechado la crisis actual como una forma de deshacerse de un régimen que ha sido un molesto defensor del socialismo y que ha hecho alianzas económicas con competidores estadounidenses como China, Oriente Medio y Rusia. El reconocimiento instantáneo de Trump del autoproclamado “presidente” venezolano Juan Guaidó, jefe de la Asamblea Nacional dominada por la derecha, fue considerado una manera de desafiar al gobierno de Maduro.

Ahora Trump está tratando de utilizar la ayuda humanitaria para transformar la crisis de Venezuela en una insurrección… y esto por parte de un gobierno que ha congelado los activos del país en bancos extranjeros y continúa fortaleciendo las sanciones comerciales que impiden que los alimentos y los medicamentos lleguen a los enfermos y hambrientos.

Trump también está aplicando las tácticas del anticomunismo de la vieja escuela. En su reciente discurso sobre el estado de la Unión, denunció con fuerza el socialismo ante los gritos de aprobación del Congreso. Y ahora, los criminales de guerra Elliot Abrams, el nuevo enviado especial en Venezuela, y el ex embajador de Estados Unidos, John Bolton, llevan las riendas y están amenazando con una intervención militar estadounidense para derrocar a Maduro. Bolton y Abrams son conocidos por las décadas que pasaron apoyando a los dictadores, el genocidio y la corrupción en nombre del Departamento de Estado de los EE. UU. en Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador en las décadas de 1980 y 1990.

Cualquiera que recuerde esos años reconoce las jugadas de Trump por lo que son: un intento de los capitalistas de los Estados Unidos de hacerse con los recursos naturales de Venezuela y al mismo tiempo garantizar que habrá una fuerza laboral doméstica intimidada, prácticamente sin derechos laborales, que pueda ser explotada al extremo con la ayuda de la burguesía venezolana.

Para lograr lo anterior, Trump y la burguesía estadounidense están orquestando un esfuerzo global para destruir los remanentes de una revolución que afirmaba ser socialista pero que estaba lejos de serlo.

El presidente Maduro es el heredero de la contradictoria Revolución Bolivariana de Hugo Chávez, a la que éste llamó socialismo del siglo XXI manteniendo el capitalismo de Venezuela. Durante su época, Chávez realizó numerosas reformas sociales que beneficiaron a los pobres, pero también reprimió a los sindicatos y disidentes políticos de la izquierda, fomentó la inversión extranjera y acumuló enormes deudas externas. La Constitución bolivariana, en cuya redacción él tuvo un papel fundamental, reconocía y apoyaba los derechos de las mujeres, de los indígenas y de los trabajadores, pero también protegía el derecho a la propiedad privada. Al hacerlo, socavó la posibilidad de lograr el control de la economía por parte de los trabajadores y obstaculizó la nacionalización de las principales industrias. En última instancia, en lugar de otorgar a los trabajadores el papel de líderes, primero Chávez y ahora Maduro han sobornado a los líderes militares para mantener su poder en contra de un sector de derecha de la burguesía.

Pero no es el papel de los Estados Unidos, China, Rusia, Irán, Turquía, la Unión Europea, la Organización de Estados Americanos ni de ninguna otra institución o régimen capitalista “resolver” los problemas de Venezuela. Solo los trabajadores, campesinos, indígenas y pobres venezolanos pueden lograrlo y hacer realidad la promesa del socialismo en su patria según sus propios deseos. Ellos son los únicos que se preocupan por el bienestar y el interés de la mayoría de la población porque son la mayoría.

¡Las manos de EE.UU. fuera de Venezuela!

¡Por la solidaridad revolucionaria con el pueblo de Venezuela!

¡Por una solución popular y de clase trabajadora a la crisis!

Declaración del Partido de Libertad Socialista

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