El 3 de enero, el presidente Trump cumplió con sus amenazas de derrocar al presidente Nicolás Maduro. Los EEUU lanzaron un brutal ataque militar y secuestraron a Maduro y a la primera dama Cilia Flores con un espectáculo de poder militar que destruyó infraestructura y mató a civiles. Esto ocurrió después de meses de un bloqueo naval que incluyó la detención de barcos de carga venezolanos y un sinnúmero de asesinatos extrajudiciales en el Caribe y el Pacífico.
Hoy día, Maduro y Flores se enfrentan a un juicio por falsos cargos de tráfico de drogas en un juicio fraudulento de la Ciudad de Nueva York.
El régimen de Trump asevera que la Casa Blanca “gobernará a Venezuela” para extraer el valioso petróleo de las mayores reservas del mundo y para obtener billones de dólares para las compañías de EEUU. El Presidente espera reestablecer el indiscutible control regional y garantizar fuentes baratas de energía para salvar la débil economía estadounidense.
Explicación del ataque
La Revolución Bolivariana, un intento de establecer un camino desde el capitalismo al socialismo por medio de reformas, comenzó en 1998. Fue dirigida por Hugo Chávez, el presidente de Venezuela desde 1999 hasta su muerte en 2013. Después de un fallido golpe apoyado por EEUU en su contra en 2002, Chávez expandió en gran medida la nacionalización de las reservas petroleras del país.
El chavismo, o sea, la ideología y el movimiento populistas cuyo nombre se deriva del de su inspirador, durante mucho tiempo ha sido la piedra en el zapato del imperialismo de EEUU. La hostilidad yanqui produjo un segundo intento fallido de derrocar el gobierno venezolano durante el primer gobierno de Trump.
Los radicales de Washington, comenzando con Obama y siguiendo con Trump, describieron a Maduro, el sucesor de Chávez, como una amenaza a la seguridad de EEUU. Durante su gobierno, Maduro emergió como líder autoritario de un régimen cuyo apoyo emana de las fuerzas militares y del enriquecido sector capitalista, la boliburguesía, que surgió durante la presidencia de Chávez. A pesar de la represión de los trabajadores por parte de Maduro, fueron las acusaciones de “narco-terrorismo” las que usó EEUU para justificar el secuestro del antagonista de EEUU y su esposa.
No obstante, en oposición a toda expectativa, el gobierno chavista sigue firmemente intacto y Trump le brindó su pleno apoyo (por ahora) a la vicepresidenta y sucesora de Maduro, Delcy Rodríguez.
Dirigentes opositores de derecha de larga trayectoria, María Machado y Edmundo González Urrutia, han sido apartados del camino, lo cual ha provocado sospechas de que se hizo un trato para sustituir a Maduro, no sólo para extraer el petróleo, sino para estabilizar el tambaleante régimen chavista.
EEUU reclama su “patio trasero”
La invasión representa un atrevido intento de revivir la dominación de EEUU. Lo que Trump define como la doctrina “Donroe” es un autocomplaciente juego de palabras de la racista doctrina Monroe de 1823, la cual fue el fundamento principal del expansionismo de EEUU que provocó un sinnúmero de invasiones en toda América Latina. El llamado “Corolario Trump” afirma que los Estados Unidos “restaurará la preeminencia estadounidense” en el Hemisferio Occidental. Esto augura más ataques en el futuro.
Trump mencionó a Cuba, México y Groenlandia como posibles objetivos próximos. Sus planes abarcan Irán, que es rico en petróleo y cuyo régimen homicida se encuentra amenazado actualmente por los valientes manifestantes callejeros que están enfrentándose a décadas de opresión: una lucha que EEUU espera poder manipular a su favor.
EEUU tiene la intención de consolidar su hegemonía en América Latina contra los competidores capitalistas China y Rusia. China tiene muchos intereses en Venezuela y en muchos otros lugares de esa región. Recibió 80% de las exportaciones de petróleo antes de las incursiones de EEUU. Trump afirma que 50 millones de barriles de petróleo destinados a China ahora terminarán en las costas de EEUU, quien también comenzó a detener a barcos tanque en el área.
Las acciones de Trump en Venezuela son parte de un intento global por parte de los más poderosos países de reclamar nuevas esferas de control y de dividir las que existen, desde Gaza a Ucrania, hasta Sudáfrica. Esta rivalidad necesariamente tendrá consecuencias devastadoras para los trabajadores y los pobres de todos lados.
Nuestro hogar es el hemisferio
Miles han salido a las calles en EEUU para protestar contra la guerra en cientos de ciudades. Miembros del Partido de Libertad Socialista han sido parte de esos grupos y han condenado de manera vehemente el ataque y el secuestro, además de exigir la liberación de Maduro y Flores, y de hacer un llamado para que Trump sea juzgado por crímenes de guerra. La AFL-CIO apoyó a docenas de organizaciones laborales, como la Coalición de Sindicalistas Negros (CBTU, por sus siglas en inglés) y los Trabajadores Unidos de la Electricidad (UE), quienes condenaron los ataques contra la soberanía venezolana y reafirmaron su derecho a la autodeterminación.
Aquellos que se oponen a los actos beligerantes de Trump reconocen que la invasión afecta en gran medida a los trabajadores fuera de Venezuela. Uno de los planes de Trump, es fomentar el odio xenofóbico contra los venezolanos que viven en EEUU y contra todo los inmigrantes que han establecido su hogar en este país. En la rueda de prensa posterior al ataque, Trump afirmó que Venezuela “nos ha enviado lo peor” y prometió mandar de vuelta a millones de refugiados de ese país.
Días después, tras el despiadado asesinato de Renee Nicole Good por parte de ICE, Trump lanzó una invasión más en Minneapolis con miles de agentes que ocuparon la ciudad. Esto sucedió después de las arremetidas retóricas contra la comunidad somalí de esa ciudad y la cancelación de cruciales fondos para cuidado infantil, usando como excusa los “informes” no verificables de influencers de derecha.
¡La clase trabajadora de EEUU debe levantarse para defender la soberanía de nuestros vecinos del Sur al igual que nuestras comunidades de este país! Necesitamos formar parte de un movimiento radical e internacional que abarque todo el hemisferio para vencer los insaciables ánimos expansionistas de Trump y sus billonarios secuaces reaccionarios.
Afortunadamente, la resistencia contra el imperialismo es fuerte en toda América gracias a siglos de lucha y en EEUU hoy en día, la oposición a las “guerras eternas” del Tío Sam está creciendo exponencialmente. Es por medio de la solidaridad internacional que los trabajadores de este hemisferio pueden unirse y aniquilar los planes de Trump de construir un nuevo imperio mundial.








