La causa de las balas de El Paso: el racismo

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Las balas están volando en los Estados Unidos, derribando a personas morenas y negras, inmigrantes y nativos. Las balas se cargan en armas llevadas por ideólogos de la supremacía blanca, hombres con una visión distorsionada de la realidad. Estos chovinistas arios son incitados por un cobarde Congreso en manos de un presidente napoleónico cuyo racismo casual refleja siglos de historia de los Estados Unidos y la explotación capitalista.

“This is America,” mientras Donald Glover rapea en su violento y revelador video de esa canción.

El 3 de agosto, en El Paso, Texas, las balas acabaron con la vida de siete ciudadanos mexicanos y 15 ciudadanos y residentes de los Estados Unidos que hacían sus compras en Walmart con sus familias. Un joven, cuyos maestros de historia tal vez no le habían informado que Texas perteneció  originalmente a México, atacó a los que llamó “invasores.” Parecía ignorar que los primeros invasores de lo que ahora es Texas fueron los españoles, y los segundos fueron propietarios de plantaciones estadounidenses del siglo XIX que buscaban un lugar para expandir el sistema de esclavitud empapado de sangre.

Hoy día, revivimos esta historia sin resolver. Parece que las armas que resolvieron la guerra entre México y los Estados Unidos ahora están disparando a los bebés y las madres, a los padres y tíos, a la gente común de la clase trabajadora.

Las balas pueden ser instrumentos de matanza, pero son los demagogos racistas de la Casa Blanca quienes preparan los campos de exterminio, en beneficio de aquellos que se benefician de la explotación y sufrimiento extremos en ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México.

Los trabajadores del mundo crean la riqueza de este país y de todos los demás todos los días del año. Y cuando las balas se disparan, nos ayudamos mutuamente sin importar de qué lado de la frontera vivamos, porque pertenecemos a una raza: la raza humana.

La gente de Ciudad Juárez y El Paso lo demostró una vez más. Se apresuraron a los centros de donación de sangre después de los asesinatos. No preguntaron para quién era la sangre; simplemente querían ayudar, solidarizarse con aquellos que habían sido balaceados.

En este mundo, lo que rasga la carne no se puede detener con oraciones ni leyes de armas. Solo un cambio sistémico profundo servirá, un reordenamiento radical de la sociedad de arriba hacia abajo.

Quienes no tenemos nada que vender, excepto nuestro trabajo, debemos decidir que podemos hacer un mundo más bello y justo que el creado por las mentiras y el derramamiento de sangre del 1 por ciento internacional. El poder está en nuestras manos. Solo tenemos que usarlo para unirnos por el bien común en un mundo socialista.

Emitido por el Partido de Libertad Socialista

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